RUMBO PROLETARIO

viernes 16 de noviembre de 2007

CUESTIONES FUNDAMENTALES

COLECTIVO DE REFLEXIÓN EN LA ACCIÓN

RUMBO PROLETARIO

CUESTIONES FUNDAMENTALES

LOS PRINCIPIOS

EL COMBATE HISTÓRICO

Las certezas y las incertidumbres que cruzan al mundo contemporáneo, refrendan nuestra decisión de proseguir el esfuerzo de construcción revolucionaria. Esta reafirmación, sin embargo, es consciente de que hoy los grandes problemas irresueltos son más que los que han hallado solución. Las “cuestiones malditas”, de las que un día hablara el autor del ¿Qué hacer? se ven multiplicadas a una complejidad social sin precedentes.

Los revolucionarios mexicanos no hemos logrado enfrentar con capacidad y voluntad pertinentes los retos viejos y las interrogantes nuevas, incluso cuando crece diariamente el material inflamable para el descontento social.

Es precaria nuestra contribución a la tarea de coadyuvar a que esta profunda crisis económica del capital se desarrolle a una crisis orgánica e histórica del actual sistema mexicano. Es pobre también nuestra capacidad para aprontar alternativas claras en la lucha y la resistencia popular.

Décadas de esfuerzos y sacrificios de varias generaciones de revolucionarios no han bastado para forjar mejores condiciones subjetivas. Esta nueva crisis estructural del capital nos toma otra vez escasamente armados política, teórica y organizativamente.

Pero hoy el terreno para la acción revolucionaria está abonado por el concurso de tres grandes procesos político-sociales, que actúan sobre nosotros como fuentes de posibilidad e inspiración revolucionaria.

La resistencia popular y obrera que ha enfrentado una ofensiva patronal-estatal en las últimas dos décadas en México y que ha conformado una verdadera voluntad histórica de cambio.

El camino abierto por la Revolución Cubana, el triunfo de la insurgencia popular sandinista aunque haya sido derrotada, los movimientos populares, campesinos, indígenas y los actuales triunfos electorales de candidatos progresistas y democráticos, constituyen otro manantial para nuestra actual lucha. Es la senda abierta del Che y Turcios Lima, de Camilo Torres y Santucho; de Sendic y Miguel Hnriquez, de Inti Peredo y Carlos Fonseca Amador; es la vereda que en México intentaron transitar Raúl Ramos, Oseas y el Güero Medrano, Genaro y Lucio, los comunistas y socialistas mexicanos, los demócratas reformadores. Es la lucha de miles de combatientes que en el mundo han enfrentado al capital.

Un tercer torrente lo encontramos en el histórico proceso antidoctrinario y antisectario que oxigena a nuestra teoría y a nuestra práctica comunistas a nivel planetario. La ruptura de grandes clichés teóricos, el gran cuestionamiento al conjunto de “verdades sacrosantas” que han esterilizado al pensamiento y la acción comunistas. Es, en fin, el atrevimiento a escudriñar en búsqueda de nuevas preguntas asumiendo que el problema está en ellas y no en las “respuestas” dadas, “deslastrando el condicionamiento mental que imponían recetas y modelos”. Hoy vuelven lentamente a aumentar los revolucionarios que recuperan en su práctica cotidiana la esperanza comunista; que pugnan por reintegrar un contenido comunista a las luchas puntuales, a los movimientos minoritarios y a las grandes batallas de cambio social, aunque realizan esos esfuerzos con formas y lenguajes muy variados, planteándose por ahora como izquierda anticapitalista.

Bajo el influjo de estos grandes torrentes, en nuestro país una tarea sigue pendiente ocupando un lugar central: la construcción de la dirección revolucionaria con sentido comunista y la definición y ejercicio de una correcta línea de masas, sustentada en la resistencia y la organización del proletariado y del pueblo. Esa tarea avanza en relación directa al desarrollo del grado de conciencia de clase y de organización de la clase obrera y de todo el pueblo.

Esta tarea central se traduce en la urgencia de definiciones programáticas, estratégicas y tácticas, construidas sobre firmes y precisos principios comunistas.

CON PASO PROPIO AVANZAREMOS POR LA

SENDA COMUN DE TODOS LOS PUEBLOS

No es nuestro país esencialmente distinto a todos los que están, o “han estado”, dominados por el capital. También aquí una pequeña minoría se apropia de las grandes riquezas que el pueblo trabajador produce con el sudor de su frente.

También aquí los que ejecutan el trabajo —los más-- no deciden, y los que deciden no trabajan.

Nuestro suelo, bosques y aguas, nuestros yacimientos, voluntades y decisiones, nuestros gustos e inclinaciones, nuestros amores y ansiedades, todos nuestros atributos esenciales de seres humanos, también deberán ser liberados de ese uso opresor y explotador que les da la minoría de magnates y empresarios. Y esa liberación, de igual manera será aquí obra revolucionaria de las grandes masas, mediante gigantescas acciones de protagonismo social y con una dirección política altamente calificada.

Los trabajadores mexicanos resolveremos nuestros problemas fundamentales, por esa senda común que han recorrido y habrán de recorrer todos los pueblos.

Pero esa senda común la andaremos con paso propio.

Nuestra revolución, de igual manera, será obra de las grandes masas, o no será. Pero las masas también son relaciones económicas, sociales, intelectuales, políticas, afectivas, etcétera, en las que participan los individuos que forman parte de ellas, esto es, un conjunto de estructuras sociales significativas concretas que se oponen y se engloban mutuamente.

En este sentido, México no es Centroamérica, no es lo que fue Cuba, antes del triunfo de Fidel, ni es lo que fue la Rusia prerrevolucionaria.

Un desarrollo de las fuerzas productivas mucho mayor, con relaciones sociales de producción más estrictamente capitalistas, incluso con grados más profundos de concentración y centralización, que en algunos aspectos recuerdan al mismo desarrollo imperialista monopólico de los llamados países altamente industrializados, imprime a las estructuras sociales mexicanas diferencias sustanciales en la lucha de clases, en relación con aquellas zonas o países. En México es más considerable la intervención masiva del Estado –aun con su actual adelgazamiento y pese a la política neoliberal de unificarlo casi por completo- en toda la vida social, específicamente mediante lo que para países imperialistas se llama “mecanismo de autorregulación”; incluso en su situación actual, la “familia revolucionaria” logra generar algunas alternativas capaces de recrear mecanismos de hegemonía. Al mismo tiempo, todo esto elimina realmente y en mayor sentido la función y la responsabilidad de los individuos como tales en la producción y en el mercado y, por lo mismo, vacía más las conciencias individuales de todo contenido autónomo e independiente, logrando así un grado mucho más alto de apaciguamiento, conservadurismo o conformismo gradual de la población, un mayor desinterés por todo lo que rebase el consumo individual o familiar.

La privatización y la corporativización de grandes masas de trabajadores sobresale más aquí que en la mayoría de los países latinoamericanos. Esto significa una mayor destrucción de la socialización de los individuos en México, una pérdida mayor de la idea de que una acción colectiva sea capaz de cambiar el rumbo de la sociedad mexicana. Esto significa que en nuestro país tienen lugar grados de integración de los trabajadores al sistema, incomparablemente mayores que los que se presentaron en Cuba y Nicaragua o los que se observan en El Salvador, Guatemala, y países por el estilo.

Las estructuras sociales de México comprenden sectores nada despreciables de trabajadores que, incluso con los niveles crecientes de pobreza, relativamente ya no conocen empobrecimientos brutales o pauperismo absoluto, aunque éste no deja de estar presente y con la actual política neoliberal crece considerablemente. Esto es válido no sólo para grandes masas de profesionales e intelectualidad asalariada, sino también para obreros de las ramas punta de la economía nacional, aun cuando, insistimos, cada día crece el pauperismo social; incluso existen pequeños sectores campesinos cuya situación envidiarían masas salvadoreñas u hondureñas.

Si de legitimidad burguesa puede hablarse, un ciclo de tres revoluciones burguesas, un proceso de profundas reformas de estructura y una honda tradición de construcción y reconstrucción de consenso, apuntalaron por mucho tiempo una base social de apoyo y sostén de la dictadura del capital mexicano mucho más amplia, firme y estable que la de cualquier país latinoamericano; una estabilidad basada en dosis más altas de respetabilidad estatal por parte de la clase obrera, casi a la inglesa.

Esto siempre ha planteado un gran requerimiento en el trabajo revolucionario en México: aquí la revolución ha exigido una lucha por la conciencia de los trabajadores, mucho más fuerte. Aquí, debe trabajarse más para que el pueblo con su lucha forje más fundamentos socio-políticos que le permitan expandir más su vida espiritual y cultural, desplegar más protagonismo de masas, ejercer más práctica de recuperación de sus capacidades decisionales y de propia conducción de todas las condiciones de su vida, como proceso de preparación de derrota del aparato jurídico-político y militar de la burguesía.

Esa idiosincrasia preñada de respetabilidad estatal casi inglesa, reducido inmediatamente toda significación práctica y toda posibilidad de éxito político, por ejemplo, a los programas tradicionales de una revolución eminentemente política que se geste y brote de la miseria absoluta de las masas y de represiones político militares como método dominante de gobierno.

El programa que puede facilitar más a que específicamente los proletarios mexicanos y las minorías oprimidas se incorporen a una lucha revolucionaria anticapitalista, es aquel que les permita realizar prácticas de recuperación de autocontrol u autodecisión de todas sus condiciones de trabajo y de vida, que les permita ejercitarse en la participación y responsabilidad colectivas en las grandes decisiones de la vida económica, social y política, para aprender a ser parte activa en la forja propia de una verdadera cultura humanista.

En México, la derrota del Estado burgués debe estar más precedida, más preparada y más acompañada de un ataque global al poder social del capital, como proceso de forja y ejercicio de autodeterminación de las masas, como vía de construcción de un ramificado sistema de autodeterminación, extendido y regado por todos los vericuetos de la vida social.

La revolución en nuestro país, tendrá, pues, un carácter más social que en países centroamericanos o del Caribe; será una revolución con sentido mayor hacia el comunismo.

En nuestra lucha revolucionaria, podemos asumir esa brillante sentencia europea, en el sentido de que “la clase obrera mexicana para ser dominante debe ser antes dirigente” a través de una organización social política de masas.

Ahora bien, México no es Italia, Inglaterra, ni país europeo. Aquí el consenso ha estado recurrentemente más teñido de sangre; aquí la política ha estado por largos periodos fuertemente comandada por la acción ocasional pero siempre definitiva del ejército y la policía política, el espionaje en el interior del pueblo, toda una línea de golpeo y represión tan puntual como brutal; aquí el autoritarismo, el patrimonialismo en la política estatal, en fin, todo lo que hace pensar en una típica política oriental, durante mucho tiempo han hecho de nuestro país un territorio también latinoamericano.

En este sentido, México es más Centroamérica, más Cuba y más Rusia prerrevolucionaria, que país europeo.

Aquí, en consecuencia, procesos propios a una revolución política resultan inevitables, tales como el acento en la organización política de masas que, inscrita en la legalidad burguesa pivotee sobre ésta y derrote al poder en la dirección político-estatal.

Es nuestra certeza, y a ello empeñaremos el concurso de nuestros mejores esfuerzos, que en México, a diferencia de Europa por ejemplo, sí se requiere una derrota del Estado existente y la construcción de un Estado de nuevo tipo, como premisa inmediata de transformaciones económicas radicales o de “reformas de estructura” que atenten contra el capital.

Pero esa lucha política estatal debe ser el ejercicio de trabajadores que, en un proceso, se hayan forjado y estén forjándose como masas autodeterminadas, que hayan construido y estén construyendo con su práctica capacidad para hacerse cargo de la dirección de todas las circunstancias y atributos de su vida y de su trabajo.

En esta lucha a muerte contra la burguesía mexicana y el imperio en la que estamos empeñados los latinoamericanos, la victoria del pueblo mexicano dependerá en mucho de la capacidad que tengan los revolucionarios para saber encontrar el eslabón político-cultural que les una orgánicamente a las masas; para atender especificidades como las aquí anotadas, y saber traducir esa comprensión en políticas eficaces.

Ese carácter complejo de las estructuras de la sociedad mexicana, permea a todo el conjunto de fundamentos del proceso de construcción de fuerzas políticas para la revolución y de vanguardia comunista.

PRINCIPIOS EN LO POLÍTICO

1.- Bajo cualquier circunstancia, todo nuestro pensamiento y toda nuestra acción están encaminados a realizar el comunismo como meta histórica. El objetivo emancipador comanda todo nuestro proceso.

En toda nuestra lucha diaria, nos atenemos a la convicción de que en México el comunismo constituye la única solución radical para los problemas fundamentales de la clase obrera y del pueblo. Esto es así en virtud de que la forma histórica de extracción del producto excedente creado por los trabajadores mexicanos es la plusvalía y, porque la contradicción entre capital y trabajo asalariado es la relación determinante de la sociedad mexicana de nuestros días.

En consecuencia, en las diferentes fases por las que atraviesa el movimiento de superación de aquella contradicción, siempre y en cualquier circunstancia, mantendremos en alto la bandera del comunismo como la prioridad determinante a la cual supeditaremos nuestra lucha.

No sólo buscamos erradicar al sistema capitalista. Queremos construir y practicar relaciones comunistas en la totalidad de nuestra vida de seres humanos. Como revolucionarios comunistas, no asumimos la necesidad de desarrollar las fuerzas productivas en sí mismas ni nos adaptamos a la evolución espontánea y natural de dichas fuerzas. Nuestra responsabilidad reside en buscar la salida revolucionaria a la contradicción entre esas fuerzas y las relaciones de producción.

2.- Como comunistas, no somos depositarios de una doctrina. Lucharemos por ser parte orgánica del comunismo como movimiento real, entendiendo que (como dijera Marx) “si la sociedad tal cual es no contuviera ocultas las condiciones materiales de producción y de circulación para una sociedad sin clases, todas las tentativas de hacerla estallar serían otras tantas quijotadas”.

El comunismo no es mero proyecto intelectual ni una doctrina. Es el movimiento real de los trabajadores asalariados, del cual pugnamos por ser constituyentes orgánicos.

El comunismo está contenido en las mismas condiciones materiales en las que produce y vive el obrero y el pueblo trabajador, expresadas en la cotidiana resistencia al capital. Brota y se gesta con esa resistencia, mediante el desarrollo de tendencias libertarias, autonomistas, clasistas independentistas y democráticas de las masas asalariadas. El comunismo (como el movimiento real de negación subvertidora del capitalismo) no puede reducirse a un proyecto de sociedad ideal; se realiza en la medida que es construido y es reactualizado como propuesta social en el interior del movimiento de masas.

3.- El problema fundamental de la lucha por el comunismo es la cuestión del Poder Social pero no como toma ni como construcción del poder, que constituyen, cuando menos un eufemismo pequeño búrgues, sino en el sentido de su necesaria subversión y destrucción, que es y se realiza como la construcción de la autodeterminación social.

Nuestros objetivos sociales y políticos así como las acciones que implementamos, en una palabra, el núcleo central de nuestro movimiento comunista se conforma como negación radical y superación definitiva de la ruptura y la disociación que tiene lugar en el proceso de producción y reproducción humana en el capitalismo mexicano. Se trata de la disociación entre la función de creación social, decisoria, de dirección, de dominio, control y mando interno al proceso de producción (que recae en la burguesía) y la tarea de ejecución que se hace descansar en las masas trabajadoras. Es la contradicción contenida en la enajenación del obrero y el pueblo trabajador, por la cual no sólo el objeto de la producción y la reproducción, sino también los métodos y los medios para conseguirlos, sus sentidos y sus fines, sus ritmos y sus formas, el destino todo de la producción y reproducción, en grado creciente son determinadas por una dirección que sin ser protagonista en el mismo proceso laboral está forzada a penetrar continuamente al interior de esa actividad productiva, a dictarle todo, determinando hasta los ademanes más elementales del productor directo. La conducción, la capacidad, y el ejercicio decisional de la actividad humana por excelencia, en el interior mismo del proceso de trabajo, tiende a ubicarse fuera del sujeto-artifice esencial de la actividad productiva directa, en una relación despótica a nivel fabril y de la sociedad mexicana en general como despotismo social.

El fundamento de la perspectiva revolucionaria comunista en nuestro país, no descansa en la contradicción general entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción, ni en las contradicciones objetivas contenidas en la pura economía capitalista. No se sustenta en la incapacidad del sistema para satisfacer necesidades económicas del pueblo; no descansa en la pobreza, en el hambre o en la miseria económica en que viven las masas. Pobreza, hambre y miseria económica no son más que otras tantas expresiones de aquel fundamento.

Este fundamento reside en la necesidad en la que se encuentra el capitalismo mexicano de reducir a los trabajadores al papel de simples ejecutantes, y su imposibilidad de funcionar si lo logra; la necesidad de obtener simultáneamente la participación (si los obreros y el pueblo no participaran en alguna medida, en alguna medida el sistema se paralizaría) y la exclusión de los trabajadores en las determinaciones fundamentales de la producción, la exclusión de los ciudadanos en la política, la exclusión de los profesores y estudiantes en la educación, de los indígenas en sus comunidades, de los enfermos, médicos y enfermeras en la salud, etcétera.

Esa es la contradicción que el capitalismo mexicano nunca podrá resolver, ni aun con reformas profundas, con la elevación del nivel de vida o con la superación de la propiedad privada, ni con la concentración total de los medios de producción en manos del Estado y la eliminación del mercado clásico. Esa es la contradicción que la toma o la construcción del poder proletario no han podido ni podrán resolver.

Este es el aspecto medular en torno al cual gira la cuestión del Poder: la pérdida de la capacidad de determinación de las masas trabajadoras sobre el conjunto de sus condiciones de trabajo y de vida y, en última instancia, de la organización y la conducción global de la sociedad mexicana, y el acaparamiento de la capacidad de mando y decisión por el capital.

La solución de esta contradicción constituye el proceso de rescate histórico del papel protagónico y creador de las masas en el proceso social y específicamente en el proceso revolucionario, es el proceso de autopreparación y ejercicio real concreto de los trabajadores para hacerse cargo de la conducción de la sociedad mexicana contra la burguesía y sin ella, de autoaprendizaje en su propia práctica, para gobernarse a sí mismos, desplegando todas sus maneras de lucha; es la construcción de la autodeterminación social de las masas.

Esta nueva dirección de la sociedad se conformará en un largo proceso que empieza desde ya, contra el Estado y el poder social de la burguesía mexicana, que cristaliza como autodeterminación social en todo el proceso revolucionario.

Se construye desde ya como práctica y ejercicio de autodeterminación de las masas y como construcción de políticas y de instancias alternativas a la conducción especifica de la sociedad por parte del capital. Se construye derrotando y quebrando cotidianamente la hegemonía, la legitimidad y el consenso burgués y construyendo una nueva hegemonía proletaria-popular, una nueva legitimidad y un nuevo consenso proletario-popular; se construye, asImismo, derrotando y quebrando la organicidad burguesa, la institucionalidad burguesa, la red de mando y dominio del capital sobre el proletariado y el pueblo todo: el ejercicio de prácticas libertarias, autonomistas y democráticas, a través de sólidos bastiones (Organizaciones Revolucionarias de Masas) donde el pueblo, con la ayuda del movimiento revolucionario, empiece a construir su “futura” sociedad ya ahora en el presente como socialidad autodeterminada actual; donde aprenda a regular él mismo su vida, se dé sus propias normas y valores de conducta y sus propias formas organizativas, proyecte sus propias manifestaciones culturales y se haga cargo de su propia defensa y su alzamiento como masas que van aprendiendo el despliegue de la estrategia de la no violencia.

El proceso de extinción y disolución del Estado de nuevo tipo surgido de la revolución o, cuando menos su acotamiento y dirección por el pueblo, se va dando como construcción y diseminación de sociedad autodeterminada.

4.- Sólo una revolución social-política implicará y constituirá una ruptura definitiva del capitalismo.

Las relaciones básicas entre el proletariado y el capital no se derivan sustancialmente de la dominación política burguesa.

La burguesía mantiene políticamente, o sea mediante el poder de Estado, las condiciones de trabajo asalariado, de propiedad capitalista, de explotación y opresión, pero el Estado no ha creado dichas condiciones. Antes bien, la supremacía política es uno de los productos de aquellas condiciones modernas de la producción en México.

Asumimos, así, que los problemas fundamentales de las masas trabajadoras mexicanas serán atacados radicalmente hoy sólo en la perspectiva de una revolución social-política; que no basta para ello con una revolución puramente política que entrañaría la exclusiva destrucción del aparato jurídico-político-militar del capital, o sea, la solución del poder como poder de Estado, para, en una segunda etapa, supuestamente pasar a atacar las superestructuras sociales.

La subversión del poder estatal de la burguesía debe tener como contenido un proceso de ruptura del poder social del capital y de construcción de la autodeterminación social de los productores directos en todos los ámbitos de la sociedad.

Este proceso de ruptura de la dictadura del capital expresa la maduración de las condiciones materiales del movimiento comunista en el país, no sólo como creación de condiciones de destrucción del Estado y del poder social burgués, sino de construcción de una dirección social proletaria y social, de la autodeterminación de las masas trabajadoras.

Pero la subversión del poder político de la burguesía es una condición inexcusable en México para el curso revolucionario comunista. Ante todo la destrucción de los contenidos y las orientaciones antipopulares, represivas, autoritarias del Estado, el desmantelamiento de todas las estructuras de dominio del Imperio en México y la construcción de institucionalidad de autodeterminación social.

El proletariado y el pueblo desencadenarán revoluciones sociales y políticas, constituyéndose en una masa autodeterminada, con la capacidad suficiente para desmantelar al poder represivo de la burguesía.

Entendemos que la revolución social-política (como el camino de destrucción del poder político y social del capital y de construcción de la autodeterminación social) constituye un único e ininterrupido proceso histórico, acumulativo. O dicho en otras palabras, la estrategia de lucha contra el poder contiene y determina la estrategia de lucha por el comunismo; la lucha por el comunismo es un largo proceso ininterrumpido de lucha de masas contra el capitalismo y el imperialismo, el Estado burgués y las diferentes formas de control represivo y burocrático, ideológico y cultural, sexual y étnico, etcétera, de la vida social, alcanza un clímax con la abolición del sistema del trabajo asalariado, de la propiedad privada, de la explotación y opresión del hombre por el hombre.

5.- El blanco de nuestra lucha es el sistema del trabajo asalariado.

Para nosotros, el problema fundamental de la revolución social-política es el Poder, centralmente como fractura de la disociación entre mando y ejecución y, básicamente, como recuperación por parte de los productores directos de su papel protagónico en la sociedad mexicana, la reconquista de la capacidad decisional y direccional de toda su vida, la plena determinación y mando de sus destinos.

Para que una ruptura revolucionaria esté orientada en un sentido comunista no es suficiente con que destruya el existente aparato estatal de la burguesía, ni que reemplace la propiedad privada de los medios de producción por una propiedad estatal. No es suficiente tampoco con sustituir la dirección política existente del capital por una dirección fundada en la delegación del pueblo a favor de alguna nueva representación particular.

Es preciso que se ataque centralmente, hasta lograr su abolición, no sólo al Patronato, privado o público, sino a todo el sistema del trabajo asalariado, núcleo esencial de las desigualdades, de los privilegios, de las opresiones y de la explotación.

Es indispensable romper y destruir la relación despótica fabril que permea a la sociedad mexicana de conjunto, hacer retroceder al valor mercantil hasta llevarlo a su desaparición, sin lo cual todas las formas de opresión no podrán sino renacer incesantemente.

6.- En la perspectiva comunista, no es el Estado la garantía del proceso de superación del capitalismo; ni guardián de la hegemonía proletaria y social en la perspectiva comunista. La garantía descansa en las Organizaciones Revolucionarias de Masas potentes y autodeterminadas en el pueblo.

Con Marx, nosotros vemos en el Estado “la propia fuerza de los miembros de la sociedad oponiéndose a ellos, organizándose contra ellos”. Nunca es órgano de concertación total, arbitraje total o conciliación total. En consecuencia, no podríamos ver en ningún Estado la palanca decisiva de la superación de la actual sociedad en México y la construcción de la nueva sociedad comunista. La real y efectiva garantía se halla en las propias organizaciones sociales políticas de las masas trabajadoras, en su capacidad y ejercicio de autodeterminación, en su propia fuerza de masas, en fin, en la compleja diseminación de la autodeterminación revolucionaria en el conjunto de la sociedad mexicana.

Nos proponemos hacer descansar el proceso de superación comunista del capitalismo en un pueblo autodeterminado y en una sociedad civil fuerte, dueña de las funciones decisivas del mando social, con un Estado siempre transitorio plenamente controlado por las organizaciones revolucionarias de masas, con una burocracia revocable y removible, ceñida a cumplir las decisiones de las Organizaciones Revolucionarias de Masas, las que pondrán en práctica democracia directa, haciendo desaparecer cualquier privilegio social derivado del mismo Estado y las jerarquías.

7.- Propugnamos e impulsamos una subversión no vanguardista ni mesiánica del poder burgués y una construcción no vanguardista ni mesiánica de la autodeterminación social por el proletariado y todo el pueblo. Rechazamos por igual, el proceso de “ganar espacios”, entendido como la ocupación gradual y la transformación interna, de institución en institución, del Estado burgués. A éste hay que desestructurarlo, desmontar su régimen, sus formas de realización y sus mecanismos, y constituir un Estado de nuevo tipo.

Una lucha consecuente por el comunismo presupone tener siempre presente que la génesis y la manera como se abre paso y ve la luz una sociedad, son decisivas para aquello en lo que se transforma. Lo que se siembra se cosecha.

El fin comunista presupone medios comunistas. Con las mismas herramientas que usamos para combatir y derrotar al capitalismo, construimos comunismo. Nadie podrá construir comunismo con medios autoritarios, excluyentes, intolerantes, monolíticos, de propuestas únicas.

Así luchamos los comunistas. Con la certeza también de que no toda lucha armada es revolucionaria, que no toda lucha antiburguesa es de contenido comunista, ni a cualquier tipo de derrocamiento y “toma del poder” hoy en México le es inherente un sentido comunista.

Nosotros, no nos hacemos responsables del hoy nada más; no cargamos únicamente con la responsabilidad de destruir al poder burgués. También nos hacemos cargo de contribuir en todo lo posible a la construcción de una nueva dirección social, y respondemos por el día de mañana, de la conservación de esa conducción social por el pueblo, su profundización ininterrumpida a fin de que la revolución no le sea enajenada a ese pueblo. Queremos ser garantía de sustentabilidad revolucionaria. No olvidamos que todos los productos del hombre (incluida la revolución) pueden venirle alienados, y que debemos tratar de evitar aquello que Engels señalara: “Quienes se vanagloriaban de haber hecho una revolución, se dieron cuenta de que no sabían lo que habían hecho; vieron, en fin, que la revolución realizada en modo alguno se parecía a la que ellos habían querido hacer”.

Rechazamos el camino “vanguardista” de “toma del poder” o “construcción del poder”, que se fundamenta en una especie de blanquismo (ideología burguesa de izquierda que refiere todo a la conquista del poder de Estado) y en la acción a través de una organización que se concibe y desarrolla como el instrumento garantía de solución de los problemas revolucionarios. Esta organización se estructura y mueve con criterios de eficientismo técnico; una vanguardia-aparato por la cual las masas son relegadas en su papel histórico protagónico y convertidas en simple fuente de reclutamiento, cuando mucho de cobertura, protección y resguardo de las instancias de aquel aparato, que irían creciendo hasta capacitarse para el enfrentamiento y derrota político-militar del aparato represor de la burguesía.

Las organizaciones sociales de las masas, bajo este proyecto, se verían reducidas a simples correas de transmisión de los recursos de derrocamiento del aparato de Estado, se trabajaría en aquellas organizaciones del pueblo, se les apoyaría y fomentaría siempre y cuando sirvieran para hacer crecer al grupo político militar.

Las organizaciones sociales, así, deberían ceñirse a modelos elaborados por el grupo-vanguardia, el que buscaría desarrollarlas si es necesario al margen y hasta mediatizando las formas de autoorganización de los propios trabajadores o su organicidad.

La espontaneidad, bajo un proyecto de toma del poder o de construcción del poder, no conllevaría una condición necesaria y esencial de la emancipación propia; sólo sería reconocida y asumida como experiencia útil para que las masas se convenzan de que su salvación está en seguir las directrices y orientaciones de la “vanguardia”, dueña de la verdad y de las claves secretas del progreso social.

Evidentemente, un proyecto de este talante refleja y conlleva en el fondo una profunda desconfianza hacia las masas y la militancia de base, las que suelen ser manipuladas con escasas diferencias a como lo hace el PRI.

Este camino ignora que una lucha comunista auténtica no pretende suprimir la dominación de una clase para entronizar la de otra (aun tratándose de la clase obrera), no busca reemplazar a un Estado por otro que se eternizaría en su existencia. Una vía “vanguardista” no forja condiciones para que la revolución se realice en la perspectiva comunista, es decir, como la revolución de una clase y un pueblo que desde el momento de su triunfo entra en un proceso ininterrumpido de supresión en tanto que clase; una revolución hecha con la ayuda de instrumentos – sobre todo las organizaciones ciudadanas y sociales-- que derrotan al aparato burgués y a las relaciones sociales burguesas, organizaciones sociales que cada vez asumirán mayores funciones sociales de conducción sociopolítica de México ahora usurpadas a la sociedad civil.

Nosotros no luchamos por el poder para una vanguardia ni para el pueblo, ni para nadie. Luchamos contra todo tipo de poder. Luchamos para que las masas construyamos nuestra autodeterminación, ejerzamos libertad, autonomía y democracia directa; que el pueblo regule él mismo su vida, se dé sus propias normas de convivencia y sus formas organizativas, proyecte sus propias manifestaciones culturales y se haga cargo de su propia defensa y alzamiento.

En su proceso de lucha contra el capitalismo, las masas aprenden a gobernarse a sí mismas, desplegando múltiples maneras de lucha.

La preparación y la realización de este proceso, sustentan el contenido de la línea de autodeterminación de las masas, como método de solución emancipatoria comunista de las contradicciones fundamentales del capitalismo. Este método parte de un doble reconocimiento: a).- Que el comunismo es necesario para negar y superar al capitalismo y b).- Que en la sociedad capitalista mexicana están contenidas las condiciones que engendran al comunismo como posibilidad real.

8.- El proceso revolucionario y la revolución social-política que erradicarán al capitalismo de México son proletario mundiales por su significación esencial y nacionales en su expresión y forma.

En las luchas del proletariado mexicano, de todas las masas trabajadoras y de todas las minorías oprimidas, destacamos y hacemos valer los intereses comunes de aquéllos con el proletariado mundial. Pero siempre tenemos presente su expresión nacional.

La revolución proletaria y social es una exigencia mundial, porque el capitalismo ha conquistado al mundo, homogenizando a la burguesía como clase. Pero esta mundialización del capitalismo no logra dar esa homogenización al proletariado, sino todo lo contrario. La opresión clasista en México, en consecuencia, tiene una forma nacional. La opresión que aquí se sufre es de clase, pero también es étnica, es cultural, es de sexo, de edad; es también nacional.

La revolución social-política triunfará en nuestro país si los revolucionarios logran descubrir y agudizar las contradicciones sociales cristalizadas en sentimientos, tradiciones e ideales nacionales revolucionarios. Estas constituyen el motor de la lucha popular y el fundamento de articulación de grandes movimientos de masas con voluntad de autodeterminación.

Esto significa, por ejemplo, reconocer que nuestra estrategia revolucionaria se integra con la perspectiva revolucionaria mundial, pero lo hace como estrategia concreta, nacional; que el camino de la conciencia política y social revolucionaria siempre es predominantemente nacional; que la clase obrera será hegemónica si logra identificar su interés inmediato de clase con los intereses de las grandes mayorías del conjunto de nuestra sociedad; si asume su identidad de clase social nacional y conforma con su acción un “sentimiento nacional popular” de cambio revolucionario; y si, desde un eje proletario y comunista logra efectuar una síntesis de diferentes prácticas del conjunto del pueblo mexicano.

Nuestro movimiento expresará intereses sociales (antiburgueses, antiimperialistas, etcétera) coincidentes con la realidad histórica de una sociedad mexicana libre y soberana.

La sociedad mexicana libre y próspera será imposible sin resolver la cuestión nacional; el comunismo será la misma realización de la nación. Y esto deberá implicar:

a).- El reconocimiento de las especificidades del capitalismo en México y de la lucha de clases en este país, de una matriz nacional popular de resistencia. Aquí hay un patrimonio específico de experiencias, hay una cultura específica, hay un orgullo y una dignidad particulares de la clase obrera y del pueblo mexicano, hay matrices histórico culturales y tradiciones político nacionales.

b).- El reconocimiento de expresiones emancipatorias culturales, psicológicas o nacional-independentistas que bullen en la conciencia social del pueblo mexicano y se manifiestan de formas diversas. En las revoluciones que han realizado los mexicanos en su larga historia, se han presentado recurrentemente una serie de comportamientos y de circunstancias que procediendo como dinamos, acicates o auspiciadores, han conformado cuasiregularidades social-político-culturales. Fenómenos como lo que en la historiografía suele llamarse la bola o la presencia recurrente de símbolos movilizadores y aglutinadores de la combatividad y decisión de lucha de las masas, han sido dominantes o recurrencias sociopolíticas de alto significado que siempre conviene tener presente.

9.- El comunismo que es el México libre, autónomo, independiente, democrático y próspero no requerirá una fase de transición o lo que en la ortodoxia suele llamarse la “sociedad socialista basada en la dictadura del proletariado”.

La “dictadura del proletariado” en el fondo significa y significará la realización y el ejercicio pleno de otro dominio, control y mando monopolizado y excluyente. Con ella, el pueblo no será autodeterminado, no se dirigirá él mismo, no detentará ni guardará en sus manos todos los atributos e instrumentos de la conducción social, y el poder será monopolizado por “nuevos” poderosos; el pueblo seguirá sufriendo el poder que se ejercerá en su nombre.

La “dictadura del proletariado” en México no será la República de las Organizaciones Revolucionarias de Masas, no significará la normativización de toda la vida social a partir de las Organizaciones Revolucionarias de Masas para asegurar la conducción, dirección y la participación directa de los trabajadores, la elegibilidad de todos los funcionarios, su revocabilidad, la rotatibilidad en los puestos de responsabilidad, el establecimiento de un salario para los funcionarios nunca superior a la de un obrero común y la desaparición de los privilegios sociales derivados del poder. Todo lo contrario, será una nueva dictadura, esta vez la dictadura de los “revolucionarios” que tomaron el Poder para gozar de sus privilegios.

La “dictadura del proletariado” se sustentará en un régimen político de ausencia plena de los derechos humanos y de derechos políticos decisivos como son el derecho de huelga, de libre organización social de las masas, incluido el derecho a organizarse en partido político diferente y en oposición al partido “comunista”; será la dictadura del proletariado con un sistema de partido único. La dictadura no sostendrá la libertad de opinión y expresión, de tránsito y salida del país. No garantizará a todos los miembros de la sociedad la libertad de publicar sus opiniones, separando las discrepancias del delito, no se expresará a través de la más amplia red de Organizaciones Revolucionarias de Masas, armadas y autodeterminadas, las cuales decidirán la construcción y sostenimiento de instancias militares y jurídico-políticas regulares. La dictadura no se ejercerá para asegurar plena libertad étnica, sexual, juvenil y lograr que las masas trabajadoras autodeterminen sobre el uso de los recursos naturales y ejerzan determinación plena sobre sus condiciones de salud, vivienda, espacio, territorio, educación, cultura, etcétera. Pero, básicamente esa dictadura no favorecerá que los trabajadores alcancen determinación plena de sus condiciones de trabajo y producción y completa propiedad social sobre los medios fundamentales de producción, a fin de alcanzar un alto desarrollo de unas fuerzas productivas que contengan el sentido de superar la enajenación del trabajo y una evolución económica adecuada de la sociedad para que lo que se “generalice no sea la escasez” y una correspondiente evolución cultural.

La dictadura del proletariado mexicano, será la violencia organizada del Estado de los que a nombre de la revolución enajenen la revolución, una violencia dirigida contra los disidentes y contra todo el pueblo. La superestructura de esta Dictadura no será democrática ni su esencia social humanista porque recupera y construye a un México con relaciones propias al ser genérico humano del que hablara Marx, un mexicano libre con determinación plena de todas sus condiciones de vida.

La vigencia de una sociedad prospera y autodeterminada será determinada por un conjunto de circunstancias previsibles e imponderables. Pero siempre estará cruzada por tendencias y necesidades que ya Marx avisorara cuando apuntaba que “una formación económica de la sociedad no desaparece jamás de la escena histórica hasta tanto no se hayan agotado todas sus posibilidades de desarrollo” y, por otra parte, cuando decía que “el comunismo sólo es empíricamente posible “de una vez” , y simultáneamente como obra de los pueblos dominantes”, es decir, como proceso liberador histórico mundial.

Reivindicamos a las Organizaciones Revolucionarias de Masas como el fundamento central y permanente de la sociedad prospera y autodeterminada en México, sin olvidar jamás que si bien las organizaciones son históricamente necesarias, socialmente son coyunturales (por las formas que adoptan; cambian de acuerdo a las circunstancias).

10.- Reivindicamos la globalidad de nuestra práctica política, como despliegue de un movimiento revolucionario único, nacional y de clase.

Concebimos a nuestra lucha como un proceso fundado en una voluntad de resolver la cuestión del poder social como un proceso de su subversión, de combate y forja simultánea de libertad, autonomía, independencia y democracia proletaria y social. Con esa lucha, buscamos incorporar al movimiento revolucionario de masas las demandas de todas las clases y sectores y minorías oprimidos de la sociedad (obreros, campesinos, jóvenes, étnias, mujeres y todos los excluidos) las aspiraciones democráticas y progresistas de los defensores de los derechos humanos, los ecologistas, los antibelicistas, los gays, las lesbianas, las prostitutas y todos los oprimidos, así como los esfuerzos para promover una nueva cultura popular y democrática. Esto significa que buscamos articular en una única voluntad de autodeterminación social y nacional, a todas las plataformas de lucha, a todas las organizaciones social-políticas, a todas las instituciones que el pueblo construya o recupere para ejercer capacidad decisional.

11.- Las masas trabajadoras son la fuerza motriz de la historia, como articulación activa de la objetividad y la subjetividad social.

El cúmulo de transformaciones sociales que requiere nuestro país expresan el conjunto de necesidades vitales y radicales de las amplias masas trabajadoras. Estas necesidades se realizan y podrán satisfacerse plenamente a partir de la masa de trabajo, de producción, de la plétora de consumo y realización que llevan a cabo esas grandes masas populares. Son los grandes conglomerados de trabajadores, los que, con su acción maduran los procesos cuantitativos y cualitativos de cambio y en sus manos está la condicionalidad material y político-subjetiva de construir un México libre de opresión y explotación del hombre por el hombre. Los trabajadores son creadores permanentes de subjetividad opuesta al capitalismo. Ahora bien, el papel de fuerza motriz de las masas trabajadoras para realizar el comunismo, puede ser cumplido sólo por masas en resistencia y en combate, no sólo por una supuesta situación ontológica

12.- La emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos.

La realización de las necesidades radicales de los trabajadores mexicanos es el proceso de su plena emancipación de toda opresión y explotación, como el propio movimiento de ellos mismos, como un automovimiento acicateado y gestado por las mismas contradicciones contenidas en la producción, en la reproducción y el la vida toda de los propios trabajadores.

Nadie salva a nadie. El pueblo se libera y emancipa sólo a través del desarrollo de su espontánea resistencia al capital, de la agudización de su propio instinto hacia la emancipación plena y auspiciando y promoviendo a sus propios dirigentes y básicamente a los revolucionarios comunistas organizados en una vanguardia capacitada para dirigir el propio movimiento emancipatorio espontáneo del pueblo mexicano.

Las propias masas, a través de su propia práctica histórica, en el curso de la lucha de clases, transforman la realidad social, van apropiándose de ella, y, por ende, van aprendiendo así a conocerla y transformarla. Las masas conocen la realidad y se capacitan para transformarla a partir de su propia práctica histórica, y la coadyuvación de la vanguardia socio-política.

13.- El proletariado puede ser la clase y la fuerza de vanguardia social en la lucha anticapitalista de emancipación comunista, es decir sólo cuando en los hechos dirige; no lo es sólo a partir de un supuesto lugar en la producción, sino cuando desde éste lugar actúa con subversión.

El proletariado mexicano es una clase que cuenta con condiciones materiales para encabezar la lucha total anticapitalista de emancipación comunista, en virtud de que él es el proceso de producción, COLECTIVISMO en el proceso laboral, IGUALITARISMO Y FRATERNIDAD frente al despotismo fabril y la dictadura del capital en la producción y reproducción social en el país. Pues cooperación colectiva, sobre fundamentos de igualitarismo, democracia y fraternidad es la relación determinante del comunismo. El proletariado es todo eso también porque carece de propiedad privada y de interés clasista que lo empuje hacia ese tipo de propiedad. Pero esta condicionalidad ontológica debe hacerse movimiento, actuación, resistencia, subversión en actos.

También por esta circunstancia, el proletariado no sólo se liberará a sí mismo, sino al conjunto de los explotados y oprimidos por el capital. Ahora bien, esta situación no le otorga un título de vanguardia, el cual se ejercería en toda circunstancia. Ese papel lo desempeña cuando realmente está alzado en el combate histórico. Otros sectores sociales excluidos y oprimidos también pueden hacerlo.

14.- Para que el proletariado pueda realizar esa posibilidad de vanguardia social-política debe organizarse y luchar con autodeterminación, estructurarse como vanguardia social política y ejercer hegemonía social-política revolucionaria.

El proletariado mexicano podrá dirigir al proceso emancipatorio si resiste, lucha y se organiza con autodeterminación, es decir, con conciencia de clase o libertad proletaria, con autonomía proletaria, lo cual significa y presupone contar con un proyecto alternativo propio frente y contra el proyecto de conducción social que ejerce el capital; un proyecto de nueva sociedad mexicana como proyecto alternativo-programático de un México conducido y dirigido por sus propios trabajadores. Debe, en tercer lugar, luchar y organizarse con ese proyecto alternativo libremente construido bajo una perspectiva comunista, o sea, bajo la certeza de que no hay solución radical a ningún problema fundamental del pueblo mexicano que no sea la solución de la clase obrera y todos los oprimidos: el comunismo. Y, por último, autodeterminación significa que el proletariado y el pueblo mexicano tengan capacidad y condiciones, tengan fuerza de masas para sacar adelante aquel programa alternativo construido libremente y desde una perspectiva proletaria y popular.

El proletariado requiere también ejercer hegemonía social en la lucha por el comunismo. Esto significa un doble requerimiento. Por un lado, ser capaz de dirigir y conducir en un torrente único y mediante alianzas históricas, a todo el conjunto de fuerzas sociales contrarias al capital en cada fase histórica. Por otro lado, el proletariado debe capacitarse para hacerse cargo de la conducción social del México liberado.

El proletariado no podrá realizar ninguno de estos requerimientos si no destaca desde su seno y en la propia resistencia al capital sus revolucionarios profesionales que se organizan en una forma específica de lo que se ha llamado vanguardia social-política.

15.- La lucha contra la burguesía debe desarrollarse, simultáneamente, en todos los terrenos. La revolución comunista es una multiplicidad de minirevoluciones que se integralizan en el movimiento comunista transformador de la sociedad mexicana.

Si bien es cierto que el proceso revolucionario anticapitalista no es lineal, requiere que se le realice con simultaneidad en todos los ámbitos y dimensiones de la lucha de clases; en el proceso de trabajo, en la educación, salud, uso del espacio territorial, de los recursos naturales, de la religión, de la cultura, de la etnicidad, de la sexualidad, de la problemática de edad, la psicológica, la vivienda, la comunicación social, etcétera.

Este proceso debe desarrollarse sobre la necesaria unidad entre acción reivindicativa parcial y lucha por la autodeterminación; sustentado también en el despliegue multifacético de formas de lucha. Ahora bien, esa simultaneidad no significa que la subversión del conjunto del sistema capitalista se dé en una unidad temporal. Ella será una realidad a partir de la subversión revolucionaria del poder del capital en cada una de las dimensiones, y todas en conjunto, de la existencia del capitalismo, lo cual puede presentarse en diferencias de tiempo.

16.- Cada sector oprimido debe tomar en sus manos la lucha por su emancipación, bosquejando y planteando su propia contribución al proyecto alternativo de un nuevo México. Si una contribución específica se pierde, por la razón que sea, el proyecto comunista se verá empobrecido.

El conjunto de clases y sectores sociales que se oponen al capital en la perspectiva de erradicar la opresión y la explotación es múltiple y variado, como múltiples y variadas son sus posibilidades liberadoras y contributivas de cada quien.

Cada sector, en consecuencia, debe desplegar la propia resistencia y el proceso autoemancipatorio, entendiendo que sólo el pueblo emancipa al pueblo. El proletariado mexicano no podrá ejercerse como clase y fuerza social hegemónica si el campesinado, y los intelectuales, las mujeres, los indígenas, los jóvenes, las lesbianas, los gays, los pequeños productores, los desempleados, etc., o sea, el conjunto de sectores del pueblo, no despliegan su propio proceso emancipatorio y, con ello, su grano contributivo al Programa Alternativo para un México liberado de opresión y explotación.

El comunismo tiene como eje de realización la autoemancipación proletaria. Pero la clase obrera no es toda la sociedad mexicana, ella no agota a toda la realidad de este país. El campesinado, los jóvenes, los estudiantes, los intelectuales, nuestros indios, nuestras mujeres, gays, lesbianas, todo el mexicano oprimido por el capital en la esfera de la reproducción social, todos los trabajadores de la cultura, de la religiosidad popular, son y serán artífices del México comunista el cual vería su perspectiva empobrecida con la ausencia de cualquiera de aquellas contribuciones sociales.

17.- La alianza histórica fundamental con la que se edificará la hegemonía proletaria en México será la alianza obrero-campesina, y de todas las minorías excluidas por el capital, la cual determina la alianza histórica entre marxistas y teólogos de la liberación y combatientes, teóricos de la emancipación étnica en multiformidad y diversidad regional y el pensamiento ecológico libertario, ético comunista, de una culturalidad de autodeterminación, etc.

La construcción de la independencia proletaria del proceso anticapitalista en México no podrá lograrse ni sostenerse si no está fincada en una sólida y duradera alianza de la clase obrera con el campesino pobre mexicano y todos los excluidos por el capital.

Ahora bien, dado que históricamente el problema campesino y el problema de los excluidos en nuestro país es un problema de dominio burgués del trabajo campesino, de la vida de las minorías, es un problema étnico, un problema religioso, un asunto regional, aquella alianza, por tanto debe traducirse en la sólida unidad entre los proletarios, los campesinos y las minorías oprimidas como reveldes, como combatientes de la emancipación étnica, como teólogos de la liberación, como ecologistas, como ciudadanos que votan y son votados por una opción anticapitalista o democrática reformadora, como luchadores por los derechos fundamentales y de sector, fundidos en un acerado haz organizativo, político e ideológico que puede realizarse en la gran diversidad regional de la economía y la vida mexicana de conjunto.

18.- El movimiento emancipatorio, de autodeterminación y de construcción de fuerza político-combativo de masas, tiene su centro de acción básico en la unidad de producción. Pero debe estar presente y englobar a todas las dimensiones de la reproducción y de la lucha de clases.

La unidad productiva es la cuna y el asiento fundamental de la contradicción entre el ejercicio de mando-decisión y ejecución, es el núcleo básico del trabajo enajenado, de la opresión y explotación. Ahí debe centrarse y priorizarse el principal trabajo emancipatorio. Hoy, sin embargo, queda más evidente que esa relación de despotismo se socializa, convirtiendo a cualquier ámbito en lucha capital-trabajo, por ejemplo, a lo que suele llamarse los servicios. En consecuencia, el proceso emancipatorio debe rebasar la dimensión obrerista, para asumirse como lucha de un proletariado social y del conjunto de los movimientos minoritarios y emergentes que tienen lugar en la sociedad mexicana.

19.- El internacionalismo proletario es un atributo fundamental e inseparable de la lucha anticapitalista en la perspectiva comunista.

La clase obrera y todos los trabajadores del país se irán forjando como fuerzas anticapitalistas de emancipación comunista, al tiempo que se relacionen con las luchas de los trabajadores del mundo, pongan en práctica una política de solidaridad y apoyo internacionalista hacia los obreros, los pueblos y las minorías oprimidas de toda la tierra.

Luchamos por la hermandad revolucionaria, por la paz mundial, contra el terrorismo, contra el colonialismo y el racismo, contra la prostitución mundial, contra el narcotráfico con todas sus secuelas, contra todo el comercio mundial expoliador. Son nuestros los sueños y las acciones ejemplares de Bolivar, de Marti, de Sandino, del Che y Miguel Enriquez, Santucho y Farabundo, para abrir curso a un proceso continental de emancipación latinoamericana. Sentimos en especial la unión fraterna con el proletariado norteamericano y el pueblo todo en E.U., con sus negros y sus chicanos, con todas sus minorías oprimidas.

NUESTROS PRINCIPIOS EN LA ACTIVIDAD TEÓRICA

20.- Reivindicamos al Marxismo-Leninismo como una de nuestras guías de interpretación y cambio revolucionario, conforme a las necesidades y a los intereses clasistas e internacionalistas del proletariado y del pueblo mexicano. Pero rechazamos al pensamiento único. Al marxismo debemos unir todos los pensamientos y las perspectivas emancipatorias y revolucionarias que permiten aprehender, explicar, interpretar y subvertir al orden de opresión y explotación.

El marxismo nos permite fundamentar, mediante la comprensión científica de las contradicciones del capitalismo mexicano, la necesidad y la viabilidad histórica de su erradicación definitiva en la perspectiva de un México libre, soberano, independiente, democrático y próspero.

Reivindicamos el marxismo-leninismo con la responsabilidad y la rigurosidad que de ello se desprende. Lo reivindicamos porque:

a).- Conocemos a fondo y críticamente usamos las claves de las teorías del mismo Marx y del mismo Lenin y sus concepciones paradigmáticas sobre capitalismo; no de sus ideologizadores ni de sus propagandistas; y

b).- Nos reservamos la posibilidad y el derecho a adaptarlo a la realidad cambiante, a modificarlo y a rechazar algunos de sus postulados en función de esa realidad, guiados por las enseñanzas concepcionales y metódicas del mismo Carlos Marx.

Asumimos, sin cortapisas de ninguna índole, que la primera tarea de los revolucionarios es conocer a la sociedad donde vivimos, a sus masas y, particularmente, comprender efectivamente lo que es nuestro proletariado, los problemas fundamentales que le permiten o le impiden ser una clase revolucionaria.

c).- El desarrollo de la lucha de clases ha permitido la construcción de muchas contribuciones teóricas sobre el capitalismo que también son claves metódicas y concepcionales para la subversión del capital.

21.- El marxismo no es un dogma; es una guía para la acción.

Se hace y se desarrollo permanentemente, recogiendo y profundizando la experiencia y los aportes de la lucha y la resistencia de las masas en su acción multifacética. Su carácter transformador y permanentemente crítico se conserva con su constante enriquecimiento y puesta al día de los problemas concretos de la lucha de clases concreta. El marxismo, no es antirreligioso por naturaleza. Lo es, frente a la religión de la opresión y explotación. Pero se hermana críticamente hoy con la teología de la liberación, como una concepción de la vida sin esos pecados capitales que son la explotación y la opresión del capital.

La salvación por la que ofrendó Cristo su vida y la emancipación que guió al Che hasta su muerte en tierra boliviana, en el marxismo comunista están ubicados en el mismo plano. Ser hoy marxista en México, es ser también un fiel y consecuente seguidor y cumplidor de la palabra de Jesucristo.

Pero el marxismo se enriquece también abrevando y hermanando críticamente con el ecologismo liberador del uso capitalista de los recursos naturales, y con todas aquellas concepciones de movimientos monotemáticos y minoritarios que son trincheras de resistencia frente al capital.

24.- La realidad capitalista en movimiento contiene la exigencia de una permanente reconstrucción del marxismo en virtud de que éste es también teoría acumulada de dicha realidad.

El marxismo no puede permanecer estático; como un credo. A medida que se presentan cambios esenciales en la lucha de clases, y sobre todo, en el mismo movimiento obrero, el marxismo, se altera consecuentemente.

25.- El marxismo implica la crítica despiadada de todo lo existente, sin retroceder ante sus propios resultados y sin temor a entrar en conflicto con los poderes establecidos.

El marxismo es revolucionario como teoría permanentemente crítica, que exigiría que así como Marx examinó a Ricardo y a Hegel, el mismo Marx sea examinado; al igual que sus mejores seguidores como Lenin.

26.- La teoría, incluyendo al marxismo, nunca se realiza en un pueblo sino en la medida en que es la realización de las necesidades de éste.

No basta que el pensamiento aspire a realizarse; la realidad misma debe aspirar al pensamiento. La teoría se convierte en una fuerza material cuando se apodera de las masas.

Para el marxismo, si los seres humanos, es decir, el sujeto del pensamiento y de la acción son a su vez producto de las relaciones de producción que constituyen el objeto de ese mismo pensamiento y de aquella misma acción, y si dichas relaciones de producción (el objeto) son también producto del sujeto (la praxis de los seres humanos), resulta imposible separarlos radicalmente y oponerlos uno al otro.

El sujeto de cambio, por lo demás, no se concibe como individuo, sino como colectivo, que actúa y conoce al mismo tiempo.

27.- Lo que cambia a la realidad no son las ideas; es la acción que incluye a las ideas.

Es en la práctica donde el ser humano debe probar la verdad, la realidad, el poderío y la terrenalidad de su pensamiento. La discusión sobre la realidad o irrealidad del pensamiento escolástica.

El criterio de la verdad de un pensamiento reside en la práctica y en la posibilidad de transformar el mundo. El marxismo es la unidad de la teoría revolucionaria y de la praxis revolucionaria de la clase obrera.

28.- La única alianza que permite al marxismo ser una teoría revolucionaria es su comunión orgánica con la política revolucionaria.

El marxismo avanza y se fortalece como teoría revolucionaria, cuando los teóricos marxistas son al mismo tiempo políticos revolucionarios prácticos. El marxismo es teoría revolucionaria desplegada como política revolucionaria, en la medida en que nunca olvida la coincidencia entre la modificación de las circunstancias y la misma entera actividad humana. El educador, dice Marx, necesita a su vez ser educado.

Para el marxismo existe una identidad parcial de sujeto y objeto. En las mismas contradicciones del capitalismo, Marx encuentra la perspectiva de cambiarlo. Por eso, a diferencia de los pensadores de la ilustración y de los “marxistas” mecanicistas, el marxismo rechaza la idea de una intervención exterior para fundamentar la posibilidad y la esperanza de cambio. El marxismo no admite la existencia de dos categorías de seres humanos: unos pasivos, producto de las circunstancias, carentes de toda influencia efectiva por si mismos sobre las transformaciones históricas (una clase obrera, tradeunionista por su propio movimiento y dejada a su suerte), y otros, luna minoría de hombres libres y actuantes sobre la realidad para transformarla.

En el marxismo, el movimiento social es automovimiento.

29.- El marxismo considera una necesidad la existencia de pensadores que piensen en la posibilidad de la revolución y argumenten su viabilidad. Pero nunca olvida que lo importante es cambiar al mundo de una manera revolucionaria.

El marxismo es necesario e históricamente válido sólo como teoría de una necesidad y de una posibilidad revolucionaria del capitalismo. No tiene pretensiones de ser teoría de todo el desarrollo social y de todos los problemas de cualquier sociedad. Menos se concibe a si mismo como perenne e inagotable.

Es, como el mismo capitalismo, perecedero.

PRINCIPIOS EN LO ORGANIZATIVO

30.- La organización social y política es un requerimiento de la propia lucha del pueblo.

La organización no existe ni se da separada y al margen de la lucha de las clases. Es, por el contrario, un momento de su existencia real.

La resistencia popular es un elemento permanente en la vida social, y se expresa organizada de muy diversas maneras.

La misma organización de vanguardia se constituye en un problema real y se construye en los hechos, porque la clase obrera y el pueblo tienen necesidad de ella.

El verdadero resultado de las luchas de los obreros no es el existo inmediato, sino su unión cada vez más extensa.

Esta unión es propiciada por el crecimiento de los medios de comunicación creados por la gran industria y que ponen en contacto a los obreros de distintas localidades. Y basta ese contacto para que las numerosas luchas locales, que en todas partes revisten el carácter, se centralicen en una lucha nacional, en una lucha de clases. Más toda lucha de clases es una lucha política, esto significa que la auteorganización del proletariado en clase es, por tanto, su organización política.

31.- La organización social y política del pueblo y de la clase obrera siempre es una organización históricamente determinada.

No existe un modelo universal de organización, y todo intento por erigir alguna experiencia y alguna teoría de cierto país y de determinado dirigente, en una teoría universal, no pasa de ser una renovada práctica positivista llamada a causar daño, en la medida que esteriliza al esfuerzo creativo de construcción de la organización necesaria, y está llamada a devenir secta árida.

En la organización concreta, el proletariado y el pueblo expresan sus problemas y sus características concretas.

Los marxistas jamás sujetan la acción política de la clase obrera a una forma organizativa preestablecida. Negamos que exista ya una teoría elaborada del partido, y que de lo que supuestamente se trataría es adaptarla a México.

La organización de vanguardia debe responder a las características generales y particulares de nuestro país, de su formación social, de su estructura de clase, a la propia historia y tradición de lucha del movimiento obrero y popular, a su grado de madurez política, en un cuadro mundial concreto de lucha de clases.

32.- La determinación más decisiva de lo organizativo, es lo político.

Lo organizativo siempre se realiza como la organización de una política determinada, aun cuando esto no llegue a expresarse claramente. Lo organizativo es siempre, de una u otra manera, organización de acciones y actitudes que giran en torno a relaciones de fuerza.

La organización de una política revolucionaria es la organización de una política desde la perspectiva de las masas. Son, entonces, los problemas concretos de ejercicio del poder sobre las masas y los problemas que éstas enfrentan para construirse como poder social político, las condiciones que imprimen fisonomía y especificidad real a la organización.

Ninguna organización es revolucionaria independientemente de su enraizamiento en las masas y al margen de la composición social de su militancia.

El problema de la construcción de la vanguardia no es centralmente organizativo; es esencialmente político, responde a una concepción política y a un método de hacer política. Construir y desarrollar una vanguardia implica construir y desarrollar una línea revolucionaria de masas, una línea montada sobre un proyecto de Poder.

33.- Los distintos niveles en los que se dan las acciones y actitudes en torno a relaciones de fuerza, definen niveles diversos de la organización de la resistencia proletaria y popular.

Los niveles de la organización proletaria y popular son multiformes y nunca se presuponen uno a otro ni se desarrollan en un orden predeterminado. Un nivel de organización natural esta siempre presente como simple organización de la resistencia de la vida humana del pueblo, de sus tradiciones y costumbres, de todo el conjunto de relaciones de identidad social, cultural, psicológica, lingüística, de propia cosmovisión. Este nivel se expresa en México en las fiestas populares, de barrio y de comunidad, fiestas del Santo Patrono o festividades patrias; se realiza como los trabajaos colectivos, como deporte llanero, excursiones y peregrinaciones. Siempre como resistencia puntual frente al predominio arrollador de

la sociedad mayor, la sociedad capitalista.

Un nivel de organización gremial sectorial se da en la resistencia de los distintos sectores y destacamentos de los que se componen la clase obrera y el pueblo que se conciben a si y luchan como gremios. Es casi siempre la organización de la resistencia “parcial” y “económica” de sectores populares, como las cajas mutualistas, de ahorro y como los sindicatos, las reuniones ejidales, las cooperativas.

Un nivel de organización social-político se caracteriza por dos circunstancias centrales:

a).- Une a varios sectores de clase o de varias clases, en una coordinación relativamente masiva;

b).- Incorpora demandas relativamente más políticas, más francamente confluyentes hacia la cuestión del poder.

La Organización Revolucionaria de Masas (ORM) es el nivel más definitivamente político de relativamente grandes coordinadoras de masas que traducen, aún germinalmente, grandes alianzas históricas, como la de la clase obrera y el campesinado, la de los productores del trabajo y de la cultura. Son la organización de la representatividad y del poder proletario y popular; la expresión orgánica de la nueva institucionalidad y de la nueva legitimidad y hegemonía proletaria y popular.

34.- La organización proletaria y popular es un sistema complejo de aglutinamientos de la resistencia en las distintas dimensiones de la lucha de clases.

La lucha de clases no se da solamente en el proceso directo del trabajo; también en todas las dimensiones de la reproducción social, como organización de la lucha específicamente étnica, específicamente ecológica, educativa, religiosa, juvenil, sexual, etcétera.

La organización específica de cada una de estas dimensiones de la lucha de clases, no revela de por sí ni gremialismo ni un economicismo. Ese carácter le da su orientación política.

35.- La organización revolucionaria por su contenido es única, nacional y de clase.

El ser organización de un movimiento único, nacional y de clase, constituye uno de los fundamentos centrales de su carácter revolucionario. Esto significa que se opera como la organización de una específica centralidad de las distintas luchas y organizaciones de las masas, con unidad de plataformas de lucha en un programa político general, como un proyecto nacional y coherente de impugnación al capital, a su conducción de la sociedad mexicana.

Se produce y se construye el aglutinamiento bajo el método proletario de la autodeterminación; el conjunto de todas las acciones se hace depender de la lucha por el poder como un problema político del conjunto de la sociedad mexicana.

36.- El problema de la vanguardia política del proletariado es el problema de la revolución concreta que está madura en un país.

En última instancia, la vanguardia política del proletariado es la organización de una dirección del cambio revolucionario del país. Es entonces, el conjunto de problemas que enfrenta una revolución concreta, lo que da sentido y fisonomía a una vanguardia. Esa revolución concreta define el que la vanguardia sea monoclasista o sintetice prácticas populares muy diversas, siempre con eje en la práctica proletaria; o el que se desarrolle y sostenga con un marxismo abierto y promotor de diferentes prácticas ideológicas, confluyendo a una matriz cultural popular.

37.- La vanguardia comunista y el proletariado están vinculados en una relación de interioridad; la vanguardia no es la encarnación de la conciencia de clase, la que supuestamente preexistiría por fuera del movimiento de masas. La conciencia de clase no precede a la clase obrera, y la vanguardia no es su portadora.

El papel de la vanguardia se desarrolla y ejerce dentro de la experiencia de lucha de las masas trabajadoras. Su función principal no es básicamente la mediación, sino dirigir en tanto parte integrante del movimiento obrero.

38.- La organización comunista no es la única organización política o partidora promueve el proletariado con sus luchas. Pero la constitución del proletariado en vanguardia política es indispensable para asegurar el triunfo de la revolución social.

Los comunistas se distinguen en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad, sin olvidar las especificidades nacionales. Por otra parte, a que, en las diferentes fases de desarrollo por las que pasa la lucha entre el proletariado y la burguesía, representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto. Los comunistas son el sector más resuelto de las organizaciones políticas, el sector que siempre impulsa adelante a los demás; teóricamente, tienen sobre el resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario.

Estas características constatan la necesidad de la vanguardia comunista.

39.- La esencia de la vanguardia comunista como la dirección política-ideológica de la clase obrera se realiza en la medida que logra comprender el curso que sigue la lucha de las masas, la orienta, la profundiza. El rol de vanguardia no se proclama; se construye en la propia práctica histórica del proletariado.

40.- En la perspectiva comunista; la razón de ser y el objeto supremo de la vanguardia política es coadyuvar a que las masas trabajadoras recuperen y asuman plenamente su papel de fuerza motriz fundamental de la historia, hasta las consecuencias últimas.

Bajo la firme convicción de que son las masas el artífice principal del cambio revolucionario, la vanguardia se organiza en función de desarrollar una permanente actividad de coadyuvación para que la clase obrera:

-Forje conciencia de clase.

-Forje línea política proletaria de masas, y

-Forje organización revolucionaria de masas.

Para coadyuvar a que las masas recuperen su papel protagónico en el proceso social, la vanguardia debe favorecer el desarrollo de prácticas de autodeterminación que les permitan forjar un proyecto alternativo de sociedad, libremente construido desde la perspectiva socialista y con bases suficientes de fuerza de masas y poder popular para ponerlo en práctica.

Para ello, la vanguardia debe favorecer el desarrollo:

-De la actitud participativa de las masas,

-De el despliegue de su iniciativa popular,

-De su espíritu colectivista, solidario, rebelde y unitario.

-De su aprendizaje para actuar como un poder alternativo, y con fuerza organizada suficiente para derrotar y destruir al poder del capital.

Con este fin, la vanguardia debe desarrollar prácticas de asambleísmo, de relaciones horizontales entre las propias organizaciones sociales, de flujo permanente de la información que rompa su monopolio, de análisis y tratamiento de esa información de toma de acuerdos colectivos, precisión sobre las tareas a desarrollar y las responsabilidades asumidas, así como la toma de medidas de crítica, autocrítica y corrección de los errores.

La vanguardia no inventa las formas de lucha y las formas de organización de las masas. Pero sí coadyuva a que las formas más desarrolladas de la lucha y la organización de las masas desplieguen al máximo todo lo que contienen potencialmente y permitan que las formas atrasadas sean superadas y desarrolladas. La vanguardia, en esto, no pretende sustituir a las masas, pero tampoco las abandona a su nivel de espontaneidad. Cuando es preciso, la vanguardia debe saber crear mecanismos operativos de los sectores activos alrededor de sus demandas, los que proyectaran un conjunto de iniciativas hacia los sectores atrasados, buscando despertar su rebeldía y espíritu de lucha. Evidentement6e, la vanguardia no se limita a actuar en esos mecanismos operativos, sino que busca siempre la movilización de los más amplios sectores de masas. Coadyuva a que se fortalezcan las organizaciones sociales del pueblo, pero no busca su control burocrático ni su sostén artificial. Estas deben apoyarse en sus propios recursos y capacidades. La vanguardia lucha por ganar creciente influencia político-ideológica en las organizaciones de masas, pero sin afectar un ápice su autonomía, y sin olvidar que la hegemonía es fundamentalmente cualitativa y no numérica.

41.- Para que la vanguardia garantice continuidad de la lucha y la organización de las masas, debe ser capaz de incorporar nuevas experiencias continuamente producidas por los trabajadores.

La vanguardia debe proponerse desarrollar al máximo su sensibilidad para captar, sistematizar y generalizar las nuevas experiencias de lucha y organización de las masas. Una vanguardia excesivamente centralizada, burocratizada y monolítica resulta menos eficiente para desarrollar aquella sensibilidad y capacidad promotora de las nuevas iniciativas populares.

42.- Para que la vanguardia coadyuve y promueva autodeterminación en las masas, ella misma debe ser autodeterminada.

El desarrollo revolucionario del movimiento de las masas está por encima del desarrollo del grupo político. El mismo crecimiento de éste viene garantizado por el propio movimiento revolucionario popular.

La manipulación y la instrumentalización de la militancia son fenómenos ajenos a una vanguardia comunista. Los militantes organizados en instancias de base, constituyen el momento determinante en la vida de la vanguardia comunista. Los militantes organizados en instancias de base, constituyen el momento determinante en la vida de la vanguardia, pues la militancia se concibe y se ejerce como práctica de lucha y dirección como parte del pueblo. La elaboración de las líneas de lucha de la vanguardia es un proceso de colectiva sistematización de las experiencias concretas de trabajo revolucionario de la militancia y de sus necesidades concretas de dirección revolucionaria. El militante no es el soldado razo que cumple las directrices emanadas de una dotada y centralizada dirección es, por el contrario, un activo constructor de dichos lineamientos promoviendo dirección central como el conjunto de militantes que en concreto rebelan ser más avezados y experimentados en la conducción revolucionaria. No hay dirigentes eternizados que puedan apelar a una especie de diplomado en dirección; ellos deben refrendar permanentemente y en concreto su capacidad de dirigentes.

Los militante son y deben desarrollar su capacidad para recrear permanentemente la acción política; críticos y no sumisos ni seguidistas ante los dirigentes; contrarios a los privilegios y al elitismo en la organización. Desarrollan permanentemente su nivel teórico y su conocimiento del medio donde operan (condiciones de trabajo, tradiciones de lucha, demandas, actitudes del patrón y el Estado, la ubicación de las tendencias políticas actuantes en el sector), así como su específica capacidad de conducción. Despliegan una oportuna y permanente lucha ideológica superando el canibalismo, el etiquetismo y la estigmatización entre la izquierda.

La vanguardia pide y lucha por los derechos humanos y las libertades, porque los ejerce a su interior: pide libertad de opinión, de prensa, de disensión, etc., porque la sostiene y ejerce al interior. Separa la discrepancia del delito.

Ninguna doctrina, ningún principio o posición proclamadas revolucionarias o marxistas leninistas, y ningún problema, o división interna justifica la eliminación física entre revolucionarios. El asesinato como método de solución de diferencias ideológicas, nada tiene que ver con la lucha comunista.

La intolerancia sectaria, la imposición, la grilla y el manipuleo, así como el empleo de la violencia física en el seno de la vanguardia, no son métodos que correspondan al pueblo, al movimiento revolucionario ni menos al comunismo. Son influencias y herencias malditas del sistema capitalista.

43.- El acercamiento de las masas a la vanguardia, a su política, a su organización, en lo fundamental debe ser resultado de los niveles de conciencia y organización de las propias masas, de la autoridad conquistada por el grupo, y de las coyunturas políticas específicas.

Las masas no asumen intelectualmente sino en base a su práctica total la necesidad de la revolución. Además de las motivaciones fundamentales que les vienen dadas por su propia lucha, sus intereses de clase y sus propios niveles de organización, en aquella asunción intervienen factores subjetivos que se expresan en la confianza, el prestigio y la autoridad de la vanguardia política. Esta autoridad es identificada progresivamente por las propias masas, sobre la base de que la vanguardia:

-Participa cotidianamente en sus luchas,

-Acerta en las políticas concretas,

-Se coloca en la primera línea de combate,

-Sabe introducir las modificaciones tácticas y de línea política en general, adecuadas a cada circunstancia,

-Rectifica consecuentemente y frente a las masas, cuando la vida evidencia errores cometidos,

-Crea y sostiene una relativa presencia nacional, percibida por las masas; presencia claramente diferenciada de lo que proponen y hacen otros partidos o agrupamientos políticos no comunistas.

Los comunistas somos militantes que superamos lo caduco del movimiento general de la izquierda, y abrimos perspectivas de luchas inéditas.

jueves 8 de noviembre de 2007

COLECTIVO DE REFLEXIÓN EN LA ACCIÓN

RUMBO PROLETARIO

PODER, AUTODETERMINACIÓN, LA ESTRATEGIA EN EL PROCESO GLOBAL


Fieles a la divisa de que los sueños mas preciados caben en el puño de una mano, los militantes del colectivo reflexión-acción, tenemos como razón de ser y de existir, la lucha por coadyuvar a que los mexicanos construyamos con nuestras propias fuerzas y esfuerzos, una vida AUTÉNTICAMENTE HUMANA, sustentable, una vida vivida en plena autodeterminación.

El colectivo tiene conciencia de que para lograr lo anterior, deben construirse RELACIONES HUMANAS, con la naturaleza y con todos los seres vivos, de nuevo tipo, relaciones libertarias, con ilimitada autonomía, independencia social y democracia de todos los habitantes de esta tierra, en un reparto igualitario de la producción y distribución de la riqueza social, bajo el respeto irrestricto de los derechos humanos y con realización consecuente de nuestro multiculturalismo, en tolerancia, respeto mutuo e inclusión.

La lucha evolucionaria y revolucionaria por la que se compromete el colectivo se funda en los siguientes objetivos estratégicos:

1.-. Que los mexicanos construyan una vida auténticamente humana, sustentable.

2.- que México sea una sociedad, fundada en relaciones de autodeterminación, sin explotación ni opresión de ningún tipo.

VÍAS ESTRATÉGICAS

1.- Estrategia de la autodeterminación de las masas.

2.- estrategia de la no violencia.

BREVE EXPLICACIÓN DE LA ESTRATEGIA DE LA NO VIOLENCIA

Declaramos que no estamos por la estrategia ni de la guerra popular prolongada, ni por la estrategia insurreccional, o la estrategia de la violencia.

Primero hasta ahora hemos venido planteando que todas las revoluciones triunfantes en la URSS, Checoslovaquia, han fallado, fallaron y llegaron a la situación que llevaron que se describe luego como la caída del muro de Berlín, tiene que ver con la línea de la toma del poder que asumieron, es decir, que la estrategia de la toma del poder, llevaba el germen de todo lo que pasó y que todo aquél que siga en la estrategia de la toma del poder va a llegar a lo mismo que llegaron las revoluciones en todo el mundo y que por lo tanto, por la línea de la toma del poder esta asegurado el descalabro mas grande, el mantenimiento de relaciones sociales del trabajo asalariado de explotación del hombre por el hombre.

La segunda tesis que planteamos ahora, para investigar, es decir, no es una cuestión acabada, sino que se trata de un planteamiento dijéramos de estudio, es que, de la misma manera en que las estrategias de la toma del poder llevaron a la catástrofe que llevaron, a la no sustitución de las relaciones capitalistas, también el planteamiento de la estrategia de la violencia va a la misma situación que condujo al fracaso y a la derrota de estas revoluciones, es decir, porque se ha pensado la revolución en términos de que la violencia es la partera de la historia , es que también en esos países se ha llevado al fracaso. Es decir, de la misma manera que proponemos no seguir la línea de la toma del poder, de la construcción, sino de la línea de lucha contra el poder y por la autodeterminación, planteamos no seguir la línea de la violencia, porque quien siga la línea de la violencia va a repetir la misma experiencia de todas las revoluciones, de la revolución rusa, por ejemplo, porque la revolución rusa no sólo siguió la línea de la toma del poder, sino también siguió la línea de la violencia, es decir, de plantear el problema de la ruptura , el problema del quebrantamiento, el problema de la destrucción, o sea, pensando la revolución en términos de que la violencia es la partera de la historia.

Se trata de entender de que para construir una humanidad nueva, una humanidad de nuevo tipo, en las que efectivamente las revoluciones no sean enajenadas al pueblo, se instaura realmente una sociedad sin explotación y sin opresión, la violencia no es la solución la violencia es el problema a resolver, es decir, cambiar la lógica en que han operado todos los revolucionarios hasta HOY

En esto una de las fuentes para estudio que proponemos es: Gandi, Mandela, Luther King. Decía GANDHI “la no violencia perfecta es la total ausencia de malevolencia en la relación con todo lo que vive.”

La línea de la no violencia es ya no permitir mas violencia, es ya no aceptar que le violenten a uno la vida, salirse de las relaciones de poder, lo que dice TONI NEGRI, es organizar el éxodo del poder, es decir, salirse uno, vaciar de contenido al poder y a su ejercicio, forjar una voluntad en el pueblo, salir de la lógica del colaboracionismo, ya no colaborar con la cultura de la violencia que es la cultura priista, ya no hacer cultura priista, quien haga cultura priísta esta haciendo cultura de la violencia, esta colaborando con la violencia, entonces hay que forjar una nueva cultura diferente, es decir, organizar el éxodo de la cultura priísta, alejarse de la cultura priísta, dejar que solo el grupito de priístas haga cultura priísta ejercite cultura de la violencia, pero el pueblo ya no debe seguir siendo corporativo, ya no debe seguir siendo patrimonialista.

Es necesario organizar una cultura de la autonomía, de la liberación, que se aleje de las prácticas priistas, es difícil esto porque lo que esta arraigado es esa cultura priista, porque esta cultura esta desde el régimen de los aztecas., es una batalla histórica quitarnos de la cabeza que la violencia es la partera de la historia.

Violencia, es necesario aclarar, no es sinónimo de fuerza, y sobre todo, no es sinónimo de fuerza en la que el pueblo con benevolencia construye sus determinaciones y con inteligencia va construyendo el ímpetu energético de los pueblos, va construyendo sus nuevas relaciones.

Violencia no es sinónimo de ímpetu, de voluntad combativa, son cosas distintas, llamamos nosotros al ejercicio de la fuerza de masas, llamamos nosotros al ejercicio del ímpetu del pueblo, el desarrollo de la energía combativa y directa del pueblo, pero lo hacemos sin violencia en el sentido en que “no hagas lo que no quieras que te hagan” , en el sentido de que si el pueblo llega al poder matando, esta ejerciendo violencia, que no se extrañe que al rato los líderes van a matar a las masas.

Si el pueblo llega al poder por la vía de la manipulación, indudablemente que, va a ejercer también manipulación. Si quieres solucionar los problemas fundamentales de la vida por medio de la violencia, aparentemente resuelves los problemas pero, te quedas con violencia, es decir, tienes que violentar porque por que llegaste con violaciones, aquí el problema es que el que hace las cosas indudablemente que se las hace a el mismo.

UN PERIODO NUEVO


ARMANDO MARTÍNEZ VERDUGO

La caracterización sobre el periodo actual de la lucha social y de clases en México que presentáramos a la reunión de balance del jueves uno de marzo, ha generado un intercambio de opiniones entre algunos compañeros. El tema es de gran actualidad; debe ser discutido con profundidad y sumo cuidado pues, si se es consecuente con lo que se afirma, deben emprenderse acciones y trazarse tareas muy distintas y hasta contrapuestas de conformidad con la evaluación que se produzca.

La responsabilidad que se demanda es considerable, si la caracterización que se dice sostener no busca oponerse por oponerse a alguna otra ni pretende llanamente sobresalir.

Hay que echar mano de esa rigurosidad que siempre reclamó Carlos Marx, es decir, razonar con la mayor profundidad posible cada afirmación o negación que se sostenga. Esta argumentación, por otro lado, debe fundarse en las condiciones realmente existentes y no en deseos, suposiciones o especulaciones. Ella debe ser colocada, en tercer lugar, en condiciones tales que sea entendible, sostenible, verificable. En una polémica, las palabras se las puede llevar el viento; con facilidad, el ponente puede negar que sostuvo tal posición y, con la mayor frescura, sostener que dijo lo contrario. Por estas razones, las grandes polémicas entre revolucionarios siempre han sido por escrito. Esas fueron las controversias teórico-políticas entre Marx y Proudhon o entre aquél y Bakunin; así fueron las que sostuvieron Lenin y Rosa Luxemburgo, Lenin y los mencheviques, Stalin y Trotski, o más recientemente los soviéticos y los chinos.

El esfuerzo por debatir con rigor y con la mira puesta en ayudar al movimiento revolucionario, superando cualquier estrechez de miras, debe asumirse. Con mayor razón en México, en donde no existe la tradición de polemizar. Aquí se anatematiza, se ve con sospecha una opinión contraria o diferente. En Rumbo Proletario empezamos a poner algunos cimientos de esa cultura, sobre todo cuando en el Núcleo Central Provisional militaban los camaradas Pedro, Oswaldo, Ernesto, Rene, el camarada Rodrigo (hoy en Tamaulipas). Pero, como en muchas cosas más, tampoco forjamos una cultura del litigio teórico y la polémica. Los brotes de esa tradición se vieron truncados por las salidas del grupo de compañeros con disposición de controversia.

La cultura de la discusión fraterna y constructiva, es básica para construir una dirección revolucionaria y ayudar a la nueva militancia que, generalmente, ingresa a la organización revolucionaria con avidez por el conocimiento o por la capacitación y con la seguridad de hallar curso a sus inquietudes y sus problemas teóricos, ideológicos y políticos.

Cuando un pequeño agrupamiento, como el Colectivo de Reflexión en la Acción, se propone y se dispone a asentarse en un territorio y en algún sector social, la discusión constituye un arma de construcción de primer orden: coloca al militante en una dinámica que por basarse en contradicciones opera como fuente de movimiento, de desarrollo. La polémica entre revolucionarios se sustenta en las tesis de la concepción materialista de la historia de que las contradicciones son fuente y base del cambio, que si se mediatizan, se ignoran o se reprimen las contradicciones, la oscuridad se impondrá y el dogma reinará incuestionablemente. Pero la polémica, si es auténtica, debe reconocer que un problema es multifacético y, en consecuencia, los caminos de abordarle, los actores que le estudian y las soluciones que se construyan son diversos. El Colectivo de Reflexión en la Acción conoce mi propuesta de que adoptemos la metódica epicuriana llamada de las múltiples explicaciones. Esto, naturalmente, nunca ha significado que asumamos criterios de mezcolanza o de eclecticismo. Finalmente, la práctica, como criterio de la verdad, debe situarse como un fundamento insustituible de la justeza de una propuesta y de una línea política concreta.

Si, en general, a un revolucionario le es indispensable una táctica, una línea de periodo y una estrategia claras, precisas, sin huecos y sin ambigüedades; en el lapso histórico por el que hoy cruza la lucha social y de clases resulta de mayor urgencia. Cualquiera sean nuestras discrepancias, no es difícil coincidir en que hoy reinan algunas confusiones y dudas que ponen en peligro al movimiento popular. Si no se da luz a esas dudas de manera inmediata, si no se trazan ya con toda claridad tanto las tareas tácticas como las tareas de periodo, el gobierno neoliberal se afianzará con fuerza tal que van a incrementarse las dificultades para derrotarle y sacarlo de la conducción política estatal.

LA LUCHA, MUY DINAMICA

Si algo hay extremadamente cambiante es la lucha social y de clases.

Los virajes de aquélla suelen combinarse de forma rápida y, a veces, con tal celeridad que el revolucionario sigue por buen tiempo colocado en parámetros superados. Es más común, así ha sido en México, que el luchador político no vea que las condiciones de la lucha han cambiado y siga, en su discurso y en sus actos, anclado en definiciones obsoletas. Esto es válido también en el sentido de declarar que una condicionalidad de lucha ya ha periclitado cuando no es así. Por ejemplo, es muy frecuente que los partidarios a ultranza de la lucha militar vean en todo un agotamiento de las condiciones de la lucha por medios no violentos. No nos referimos a los que siempre están viendo bases para lo que llaman vía armada, pues parten no del análisis concreto de la situación concreta como lo pedía Lenin, sino de sus dogmas fabricados al margen y en contra de lo real efectivo. Hablamos de quienes seriamente basan -o lo intentan- su proceder en lo que la realidad dispone.

Cuando empezó a conformarse el periodo que con toda oportunidad yo llamé de encrucijada, toda la izquierda revolucionaria seguía posicionada en la antiquísima caracterización (producida por el Partido Comunista Mexicano antes que aquella izquierda) del lapso como un periodo de acumulación de fuerzas. Algunos de sus dirigentes convocaban a los paros cívicos y a la huelga general como una posibilidad real en el momento en que lanzaban esa consigna la cual creían factible, y seguían hablando de periodo de acumulación de fuerzas. Su incorporación tardía al torrente principal de la lucha popular en ese lapso (por ejemplo, 2005-2006) se debió a que, siguiendo la caracterización errónea del periodo se proponían como tarea central principal crecer como grupos políticos y asentar a éstos en la geografía nacional por medio de la propaganda y la agitación; no veían la fuerza del movimiento en perspectiva de triunfo inmediato o de pronta derrota del enemigo burgués concreto, y que lanzar a este movimiento al desplazamiento inmediato de la burguesía hegemónica era la tarea central . Nunca entendieron que había que echar toda la carne al asador por la candidatura del proyecto lidereado por López Obrador, incluso, por mucho tiempo, hicieron de la lucha contra El Peje su tarea de primer orden. Algunos de sus dirigentes principales nos llegaron a decir que no apoyaban a Andrés Manuel porque eso no ayudaba al crecimiento de su grupo, al avance de su proyecto.

En las filas del Colectivo, nadie duda que estábamos en lo correcto, que fuimos los primeros (cuando menos en el seno de la izquierda revolucionaria) que vimos el viraje histórico que había tenido lugar que hacía improcedente seguir hablando de periodo de acumulación de fuerzas.

El anquilosamiento del pensamiento de nuestra izquierda, sus limitaciones dogmáticas no permitieron que se construyera la dirección proletario-popular del movimiento socio-político de nuestro pueblo. De tal manera que la única dirección política que operó en las jornadas en torno al 2 de julio, fue la dirección democrático-liberal burguesa encabezada por Andrés Manuel López Obrador. El desenlace de este movimiento, entonces, no es sólo responsabilidad de El Peje y sus compañeros de Dirección; sobre todo, es responsabilidad de la izquierda revolucionaria que no supo ver a tiempo los nuevos rasgos de la situación política nacional y siguió entrampada en sus viejas caracterizaciones.

La dinámica de la lucha social y de clases es considerable. El revolucionario está obligado a dar un seguimiento permanente, a no dejarse llevar por sus dificultades para penetrar lo más hondo posible en los vericuetos de esa lucha, y menos debe dejarse llevar por la comodidad de contar ya con una caracterización y convertirla en la idea absoluta que dicta a la realidad sus desenvolvimientos. Un dirigente revolucionario está obligado a trabajar diariamente en el estudio de los múltiples factores y condicionamientos que construyen el movimiento real del pueblo. Lo que hoy puede parecernos indiscutible, mañana deja de serlo y nuevas categorías deben ocupar el sitio de las que fueron superadas. Los conceptos, que se expresan a través del nombre con el que se designa una realidad política concreta, son fundamentales. No puede decirse “se mantiene el periodo de encrucijada, aunque se le puede llamar de otra manera”. No estamos ante categorías que sustentan un quehacer político revolucionario. Por eso, cada realidad históricamente determinada exige su conceptuación precisa. No es cosa de manipular las denominaciones con ligereza y sin fundamentaciones claras y precisas.

La situación que hoy estamos viviendo pone de manifiesto que, literalmente, en días y tal vez en horas, un periodo puede quedar atrás y configurarse nuevas correlaciones de fuerzas, nuevas disposiciones a la resistencia o a la lucha, nuevas psicologías de las masas, nuevas estructuraciones políticas. Y estas reclaman nuevas categorías. No intentar captar lo nuevo y construir una categoría política consecuente es, cuando menos, frivolidad y ligereza.

HEMOS IDO APREHENDIENDO LOS COMPONENTES NUEVOS

Nuestro primer planteamiento es que ya no se vive un periodo de encrucijada, sino un nuevo lapso en la lucha social y de clases.

En segundo lugar, que no se ha vuelto a las condiciones típicas de un periodo de acumulación de fuerzas y, por lo tanto, la tarea central, las consignas y las formas de lucha centrales son nuevas.

En tercer lugar, que el periodo nuevo reclama una denominación especial que ayude a comprender las tareas, las consignas y las formas de lucha pertenecientes a la situación creada.

En la medida que se han ido despejando los ambientes de producción de la correlación de fuerzas real y de las condiciones en torno a las iniciativas históricas de los oponentes fundamentales de la actual controversia, así como en manos de quién está hoy la acción ofensiva o la acción defensiva, hemos ido avanzando en nuevas formulaciones. El movimiento reflexivo en torno a una caracterización que aprehenda de manera más multilateral y completa los diversos componentes de la real y efectiva lucha social y de clases, es propio a una aproximación sucesiva a lo que puede ser una categorización más integral. Un primer escrito puede ser completado o negado por un segundo; los textos, como la vida misma, son dialécticos, pues el seguimiento de la realidad es tan intrincado como problemáticas son la lucha y la resistencia popular y las acciones antipopulares.

Nuestro convencimiento es que hoy contamos con mayor información y ya podemos aspirar a una propuesta más acabada. En el texto La táctica en el momento actual –elaborado el 21 de septiembre de 2006- apuntamos: “Hoy está claro que la actual fuerza popular no ha sido suficiente para colapsar al Estado ni abatir la fortaleza ideológica y política del grupo neoliberal, lo cual debe ser tomado muy en cuenta para el trazado de las medidas tácticas y sus objetivos inmediatos”.

El día 14 de octubre de 2006, en una reunión nacional, adoptamos un acuerdo que también apuntaba a pensar en una situación nueva. “El proceso unitario por evitar el fraude –decía el resolutivo que, en forma de carta a los militantes del CRA-RP fue recogido por un camarada- está debilitándose; La Otra Campaña retoma su curso; el subcomandante Marcos vuelve a declararse en contra de AMLO; la APPO sigue sin vislumbrar una solución a sus demandas; los Diálogos Nacionales siguen desvinculados y sin dar el paso a la formación de la Organización de organizaciones, en cierta medida, desvinculados de la lucha general del pueblo”.

En la cena-taquiza de diciembre de 2006, en la que efectuamos una sesión de despedida de año, yo elaboré un escrito –que no leí por falta de tiempo pues la junta consistió en que todos los asistentes expresaran sus deseos de despedida anual- en el cual anoté: “Esto resulta más obligado en las actuales condiciones, las que se formaron a raíz de que Felipe Calderón formó gobierno y López Obrador creó un Gabinete-sombra. Los golpes asestados a la APPO vinieron a definir claramente aquellas condiciones . Lo más importante es que el objetivo central del periodo –sacar del Gobierno y de la Presidencia de la República a la burguesía hegemónica- ha sido pospuesto y, otra vez, el neoliberalismo ha retomado la iniciativa táctica mientras que las fuerzas populares se han replegado a una situación que ya no corresponde exactamente a un periodo de encrucijada, y que, por el contrario, contiene muchos elementos de acumulación de fuerzas. Sería ciego no ver que en este lapso histórico se ha alejado la posibilidad real inmediata de hacerse del Estado derrotando y desbancando a la burguesía neoliberal.

“Se ha conformado –seguía diciendo- una situación sui géneris en la que, en este momento, es obligado acrecentar, incrementar más la fuerza popular y la Dirección Revolucionaria, llevarlas a un nivel que efectivamente vuelva a colocar a la dirección estatal neoliberal en un punto cercano al colapso, en el cual hoy no está ni mucho menos, sobre todo porque los neoliberales se han afianzado en los resortes claves del poder político de Estado como son el Gobierno, el Parlamento, el sistema judicial, el Ejército y los medios de comunicación”.

El viernes 19 de enero, en la reunión-cena celebrada en Santa María la Rivera, se presentó el Plan de Trabajo por tres años. En la introducción a dicho Plan asenté: “Al respecto debemos decir que un eje determinante del lapso político actual lo constituye el despliegue de elementos propios a una acumulación de fuerzas conjuntamente con otros elementos que son propios a un periodo de encrucijada.

“En este momento” ha tenido lugar un desplazamiento de algunas coordenadas de la conflictividad social y de clases. Esto es, de la lucha directa en la que francamente se planteaba como tarea de la orden del día hacerse de la Presidencia y del Gobierno de la República, se ha pasado a la lucha tendiente a acumular más fuerzas, sobre todo en lo organizativo y en lo ideológico, con el propósito de que en los próximos 3-5 años se recomponga de nueva cuenta, pero a un nivel superior o de una manera ampliada, la viabilidad de la lucha directa e inmediata por desplazar a la burguesía hegemónica de aquellas instancias fundamentales de la conducción político-estatal, llevar al colapso a la dirección estatal neoliberal y en México se abran curso transformaciones radicales”.

“En términos de periodo –apuntamos-, la pelea presenta elementos del dilema de uno u otro proyecto de conducción política de la sociedad mexicana, pero en estos momentos el polo popular requiere organizar más fuerza para dar una batalla histórica decisiva en los próximos años. Hoy, no está en condiciones de hacerlo”.

El día 23 de febrero de 2007 en el documento Puntos para una discusión el jueves volvimos al tema. “Después del uno de diciembre de 2006 –dijimos-, la lucha social y de clases en nuestro país ha entrado a un nuevo periodo.

“Hemos propuesto denominarle Periodo de restauración (O recuperación) ampliada de las condiciones de la lucha directa y explícita por la presidencia y el Gobierno de la República.

“En primer lugar, asumimos que ya no se vive en un periodo de encrucijada, pero no se ha vuelto a un típico periodo de acumulación de fuerzas.

“El nuevo periodo… presenta como rasgos principales que, por un lado, el movimiento político-popular de la primera línea de combate contra el poder político en México, no ha sufrido una derrota tal que lo remita y lo despache a su desestructuramiento, desbandada e impotencia. Hemos dicho que “en la actual controversia, el movimiento popular ha sufrido un revés temporal. Pero no está indefenso ni desarmado. (Por otro lado, sin embargo) no guarda la misma capacidad de combate ofensivo y directo por hacerse ya de los mecanismos que le permitan satisfacción de sus reclamos, competencia que todavía sostuvo el día uno de diciembre de 2006”.

REVISEMOS LOS FACTORES DE UN PERIODO

Cuando intentamos caracterizar los periodos de la lucha social y de clases, propusimos un conjunto de factores que pueden ayudar a conseguirlo. Veamos esos parámetros analíticos.

Manera de manifestarse la pugna política. Hoy se manifiesta a través de reuniones, foros, seminarios, asambleas, discusiones entre líderes y activistas; no se manifiesta a través de un movimiento único, nacional y con trascendencia colapsadora del poder político vigente, el cual enfrentaría una fuerza burguesa neoliberal contraria pero de equivalente fortaleza, ímpetu y decisión. No hay en la actualidad lucha directa y combativa por derrotar ya en este preciso momento –con capacidad real y efectiva para conseguirlo- al poder político hegemónico y montar una representación estatal, una institucionalidad y una normatividad propias a una conducción estatal del tipo contrario al actualmente establecido. Se han dado unas cuantas marchas con pretensiones de ser nacionales, que no han reunido ni a la mitad de las que de forma sincronizada se efectuaron en todo el país durante las jornadas del 2 de julio (antes y después). Las de hoy, han sido manifestaciones reivindicativo-sectoriales (contra los aumentos de precios, por ejemplo), de carácter defensivo. Han cesado las tensiones sostenidas y crecientes que estuvieron al borde de llevar al colapso a la conducción estatal establecida. La escena política se llena de incertidumbre sobre si el Gobierno de Calderón logrará estabilizarse. Hasta ahora, sin embargo, ha conseguido superar alguna falta de concordancia con el Ejército, situación que se había presentado con la Presidencia de Vicente Fox.

Crisis económica. La burguesía hegemónica, con el sector oligarca financiero e industrial moderno (en telecomunicaciones, sobre todo) al frente, ha logrado mantener altos índices de ganancias y la situación salarial y ocupacional no ponen en dificultades, menos en bancarrota, ese sostenido nivel de ganancias.

Crisis política. No existe. El Gobierno de Felipe Calderón se ha constituido, ejerce políticas públicas y tiene interlocutores en la población.

Crisis social. Existe. Los guarismos de miseria no se visualizan superables por medio de la gestión de Felipe Calderón. No hay grandes expectativas de que este Presidente vaya a superar los grandes problemas de la vida y del trabajo de la población mayoritaria.

Posiciones e intereses de las clases y las fuerzas en pugna. No existe coordinación ni sincronía entre los destacamentos principales del movimiento popular, por el contrario, los Diálogos Nacionales no sólo no mantienen su acercamiento con el movimiento dirigido por López Obrador, sino que se enfilan a fomentar un movimiento que le hará competencia y lo debilitará en su liderazgo. En el mismo seno del PRD se observan esfuerzos por atenuar y acotar dicho liderato. Ni soñar que puede producirse algún pronunciamiento del zapatismo a favor de alguna reinvindicación del movimiento político-electoral, como se diera en torno al fraude o al intento de desafuero.

Política de alianzas. El eje aglutinador (ganar la Presidencia y el Gobierno de la República en lapso clara y precisamente establecido, o sea, durante las jornadas en derredor del 2 de julio) se ha diluido, se ha perdido; hoy no es posible. Las alianzas son, sobre todo, acuerdos entre grupos políticos no alianzas de clases o de sectores de clases y fuerzas nuevas en lucha directa por desestructurar el poder político establecido.

Las alternativas. La alternativa inmediata –ya conseguible en estas jornadas – de hacerse de la conducción político-estatal del país se ha diluido, se ha perdido, no es real ni posible en estos momentos. No existe hoy una alternativa de pronto triunfo electoral menos de una victoria popular; ni siquiera existe la certeza de que el movimiento se recomponga a corto plazo y que se restituyan las condiciones de subjetividad y disposición que existieron en aquellas jornadas.

Las predicciones políticas. No es posible en estos momentos prever el desenlace de la pugna política central, la cual ni siquiera se conserva claramente; hasta el mismo Andrés Manuel López Obrador ha dicho que no es seguro que él sea el candidato en el 2012. No se sabe qué mapa electoral se conformará para ese año, menos todavía si en las elecciones intermedias del 2009, el neoliberalismo fortalecerá sus posiciones parlamentarias y en otros resortes del poder político. Nadie puede saber ni con una mínima aproximación sin las condiciones legales electorales que favorecieron el fraude se conserven, se fortalezcan o cambien (composición del IFE, normatividad electoral base de la desigualdad en las oportunidades de participación electoral, etc). De igual manera, no puede preverse si el movimiento reivindicativo-sectorial podrá desarrollarse hasta fusionarse con la demanda general de cambio de la dirección estatal o siga el camino de su pretendida separación de esta demanda política general.

La línea política. Una tarea de primer orden es recuperar e incluso conservar las mínimas condiciones de la lucha popular que prevalecieron en las jornadas del 2 de julio. Hoy es prioritario construir la dirección política revolucionaria y la dirección democrático-liberal (que no está claro en qué estado se encuentra, si se conserva o se ha desunido, no está claro si algunos personajes de la llamada burbuja de AMLO siguen en la misma relación con él), las cuales mostraron insolvencia durante las batallas electorales recién pasadas y, en consecuencia, han perdido mucho de la credibilidad y capacidad de convocatoria que habían alcanzado. La línea política hoy no está directamente enfilada a la solución inmediata de los problemas sociopolíticos fundamentales (romper y desestructurar ya el poder político y, haciéndose de la Presidencia y del Gobierno, comenzar a ejercer políticas públicas, que vayan implementando el programa progresista, democrático e incluyente); hoy la línea política de periodo está orientada básicamente a recomponer de manera ampliada las condiciones que situaron la controversia ante la real posibilidad de colapsar al Estado neoliberal, como tarea de solución en los días que corrían en las jornadas de julio dos; hoy apenas se trata de dotar al movimiento popular de lo indispensable que se requiere para restituir el conflicto al nivel del 2 de julio, dotarle de fortalezas organizativas, de movilización y lucha para que no se diluya como el agua entre los dedos; se trata de construir la capacidad que puede permitir a la vanguardia social reubicarse en la batalla que tuvo lugar en torno a las jornadas electorales presidenciales recién pasadas.

Actualmente, la correlación de fuerzas entre los antagónicos fundamentales ni siquiera está en un empate, menos se presenta favorable al movimiento popular. Hoy, éste no lleva la delantera en materia de la iniciativa histórica. La misma convocatoria y realización de la Convención Nacional Democrática se ven como momentos en los que se dirá qué hacer y qué más sigue, cuando el movimiento del 2 de julio pasado les ubicaba como lo que justamente deben ser: un corolario de una triunfo popular, de una verdadera revolución en curso, que, por medio de la CND debería completarse como revolución triunfante. Hoy no se sabe claramente si la CND será un foro más con sus mesas de liberaciones y resolutivos, o será una gran reunión de recuperación de ánimos maltrechos y seguridades deterioradas.

Flujo y reflujo. La reanimación de masas que fue creciente en las jornadas, en torno al 2 de julio y que claramente significó la superación del largo letargo de la lucha popular y del grave reflujo que vivió el pueblo mexicano durante décadas, no se sostiene desde los postreros días de la toma de protesta del candidato de la derecha. La misma asunción de Felipe Calderón al cargo y sus inmediatas medidas antipopulares, sucedidas unas tras otras, no han sido contestadas con un movimiento nacional y que esté a la altura de la gravedad de dichas acciones. Con un aplomo y una pasmosa determinación de golpear al pueblo, el gobierno calderonista ha dejado caer sobre éste medidas y propuestas tan atentatorias para la vida nacional, (como el aumento al precio de la tortilla, la entrega de las carreteras al capital privado, y adoptar medidas de supresión de las garantías individuales) que era de esperarse hasta conatos de violencia de masas o de uso de la fuerza popular. Pero no ha sido así. Las marchas convocadas por sectores distintos no logran continuidad ni aparecen como una respuesta amenazante para el orden establecido.

Si comparamos con las jornadas del 2 de julio, las actuales protestas ponen de relieve que el movimiento popular ha entrado a un reflujo.

Para verificar este aserto, debe precisarse que el flujo de la lucha popular –ya no resistencia en lo fundamental, sino lucha en el sentido de ataque masivo y sincronizado contra un régimen político- tuvo lugar básicamente como una permanente tensión energética de confrontación de millones de ciudadanos contra un blanco perfectamente identificado, confrontación que literalmente tenía lugar en un accionar masivo diario y por medio de movilizaciones multitudinarias por donde aparecía López Obrador y a donde lo indicaran las fuerzas de oposición.

La situación de hoy es muy diferente. Ya nadie concita levantamiento de masas capaces de tomar por asalto el Congreso, literalmente paralizar al país si así lo hubiera ordenado Andrés Manuel. Si éste hubiera convocado al pueblo a cerrar todas las carreteras del país, a tomar todos los edificios gubernamentales de México, muy pocos inmuebles hubieran abierto.

En estos momentos, un llamado así corre el riesgo, cuando menos, de dejar en ridículo al convocante.

Capacidad de los grupos y las organizaciones políticas. Hoy los grupos y las organizaciones políticas vuelven a ocupar la palestra principal; ya no las masas en combate directo por un objetivo bien determinado.

Los grupos políticos son, en estos momentos, los actores centrales. Ellos convocan a reuniones, a foros, a seminarios, a actos cerrados o abiertos, en los que juntan a sus militantes y a los pequeños sectores de pueblo que gravitan bajo su influencia política.

En el periodo de encrucijada, el papel de los grupos políticos se relativizó de forma muy importante. Literalmente, la mayoría de ellos procedía al compás que marcaba el reloj de la gran confrontación político-electoral por hacerse de la Presidencia.

Hoy las propuestas emergen de los grupos, y las actividades de éstos vuelven a tener como vehículo principal la propaganda y la agitación. Los propósitos de llevar a cabo los célebres paros cívicos, ya ni se diga la huelga general, suenan a buenos deseos, carentes de bases reales.

Lenta pero segura se despliega la línea de la reestructuración laboral neoliberal que ya viene dejando en la calle a miles de trabajadores y que acabará por golpear, de mil maneras, a millones de mexicanos. Pero por ahora se ha diluido la posibilidad inmediata de que, conformándose un gobierno progresista, democrático y patriótico, se pondrían en práctica políticas públicas progresistas en materia de empleo, de salario, etc.

Ante esa evolución social y política, las masas han perdido la iniciativa y vuelve su enojo soterrado, callado, expreso en las catacumbas de su psicología social. Son los grupos políticos los que pasan al primer plano de la agenda y de las propuestas, las que, por cierto, de acuerdo a la misma estrechez grupal, suelen ser de muy corta significación. Convertirse en un partido político, publicar comunicados en la prensa en los que se presiona al Gobierno, preparar una u otra reunión (de tipos diferentes), juntarse, unirse o aliarse para derrotar al grupo contrario, vender su alma al “referente nacional” que parece más útil para fines inconfesables (que se dicen siempre revolucionarios o, cuando menos progresistas), firmar un desplegado, enviar una carta a la redacción, acudir a la reunión semanal de cajón en la que, también de cajón, se culpa al Peje de lo que ha pasado, tales son las iniciativas de los grupos políticos que, por desgracia, son las que más se oyen, se publicitan y las que marcan el pulso de la actual acción nacional.

Auge de masas. Ya hemos dicho que distinguiremos lucha y resistencia. Lucha denota ofensiva, avanzada en las iniciativas, ataque en pos de un cambio en la correlación de fuerzas.

Resistencia es capotear los madrazos, es tratar de que no se confirme el decir popular de que “¡a palo dado ni Dios lo quita!”, es oponer una acción a una fuerza que emerge y avanza amenazadora, a veces tratando de que las consecuencias no sean tan desastrosas.

La resistencia que se desplegó en las jornadas del 2 de julio llegó al borde de convertirse en lucha directa y combativa y alcanzó estos peldaños en varios momentos estelares del combate por la Presidencia de la República. En estos momentos, después del uno de diciembre, ni una sola acción ofensiva de masas ha tenido lugar; ni una sola. Las pocas movilizaciones han sido respuestas, tardías y pobres, a golpes contundentes del Gobierno a situaciones vitales de la existencia de nuestro pueblo y en esas movilizaciones, han vuelto a tomar altura las mendicidades de la izquierda mexicana, sus pleitos y sus rencores.

En lugar de concentrar el ataque contra el enemigo básico, se quema pólvora en infiernitos contra el ex-presidente Vicente Fox. El enemigo central ya no está acorralado. Se le denuncia en alguna revista y en varios periódicos, pero Fecal, lógicamente rodeado de sus guaruras, sigue ejerciendo sus funciones, paulatinamente golpeando aquí y allá, promete y asesta golpes; golpea y promete. Pero no está bajo un asedio profundo y permanente de masas que le quiten piso en la institucionalidad básica del ejercicio gubernamental de este país.

No hay auge de masas; no hay ofensiva sostenida y multitudinaria contra el régimen político. No hay amenaza seria, radical, profunda de ejercicio inmediato, como sí la hubo en las jornadas electorales presidenciales recién pasadas.

El grupo burgués neoliberal está asegurando otro sexenio más en la conducción estatal, con el que ya sumará los treinta años que de rigor juntan las verdaderas dictaduras porfiristas en nuestro amado país. Desde 1982 esa élite burguesa, vendepatrias, pronorteamericana, viene dirigiendo estatalmente a México. No hay en estos momentos en el horizonte ningún auge de masas que se le ponga en frente ni que busque con la fuerza suficiente eliminar todas aquellas condiciones político-electorales que le den a esa élite garantía de que se impondrá de nuevo el 2009 y, naturalmente, en el 2012 . Y si llega a imponerse en las siguientes elecciones presidenciales, la derrota popular devendrá una verdadera catástrofe política nacional.

Los libradores de la lucha. Ya lo dijimos, las masas no son en estos momentos el factor central en la puja política, no son ellas las que conforman los principales escenarios políticos.

Las masas en lucha son minoritarias; las masas tras el telón del teatro de la confrontación política son la mayoría.

El lenguaje, los temarios, las agendas, los ritmos del accionar político ya no los ponen las grandes concentraciones, las grandes movilizaciones ni la energía tensa de la fuerza de masas en acción directa en la pelea palmo a palmo por la dirección estatal; los ponen los líderes y sus agrupamientos.

La lucha, en la medida en que la hay, es en puntos muy localizados de la geografía nacional, y aunque muy importante en algunos casos, sólo atañe a algunos sectores populares. En la enorme extensión del país, amplios sectores del pueblo preguntan y esperan las indicaciones, envueltos en más inseguridades que certezas. Esos sectores sienten que algo grave pasó y no alcanzan a arribar a grandes acciones en las que ellos vuelvan a llevar la voz cantante y a marcar el movimiento del barómetro político.

El escenario lo han tomado, otra vez, los líderes, sus activos más cercanos y aquellos sectores de pueblo que están orientados por el punto de vista de aquellos líderes o que mantienen con ellos algún tipo de relación solidaria, corporativa o clientelar.

Posibilidades de cambios en la sociedad. La descoordinada y débil resistencia popular hoy no produce expectativas reales de cambios radicales de nuestra sociedad, ni siquiera de modificaciones formales.

Aquí las expectativas de cambio real vienen de la burguesía hegemónica. Ella trae un proyecto histórico que casi tiene 30 años de vida. Y las expectativas de que lo aplique tienen más bases que cualquier otra expectativa. No son pocos los sectores del pueblo que poco a poco comenzarán a alinearse con el panismo, esperando cubrir así sus espaldas y no arriesgar las pocas esperanzas que les quedan de impedir caer hasta el fondo de la indefensión y la miseria.

La sociedad mexicana tiene hoy en los proyectos de nueva sociedad (el de Andrés Manuel López Obrador, el famoso Programa Mínimo no negociable y las otras sugerencias moderadas y radicales) sólo una referencia ideológica o, cuando más, una demarcación asentada en su memoria histórica que nadie podrá borrar a menos que el país sea anegado en una represión radical y de fondo que golpee los reductos más sensibles de la psicología, la culturalidad y la religiosidad popular que hoy han dado las bases para la formación de un movimiento popular de nuevo tipo.

En consecuencia, proponemos determinar que hoy se vive un nuevo periodo de la lucha social y de clases en México, el cual puede ser superado a corto plazo si los revolucionarios y los demócratas sabemos actuar con esa enorme potencialidad que forjó el movimiento recién pasado y que poco a poco habrá de recuperarse a través de reiteradas luchas cada vez más contundentes y definitivas.

México, D. F. a 10-11 de marzo de 2007